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viernes, 12 de junio de 2015

Adoptar conscientemente

Adoptar sabiendo

A fuerza de trabajar para que las familias estén más enteradas y estén más preparadas bien  se pudiera estar alarmando a quienes se plantean la adopción como manera de formar una familia, si bien es verdad que ahora con tanta información sobre dificultades y problemas postadoptivos la decisión no es más fácil, seguramente sí que es más consciente.

Adoptar es una tarea para padres valientes y comprometidos. Pero es que la decisión de traer un hijo al mundo de manera consciente lo es. Nada entraña mayor responsabilidad.

Adoptar es traer un hijo a tu mundo, “Es hacer tuyo a un hijo que no ha nacido de ti, es amarlo, cuidarlo, vincularte a él desde el corazón, aprender sus rasgos, su olor, su forma de ver y entender las cosas. Es formarle y darle el amor de madre que darías a un hijo biológico, pero partiendo de un desconocimiento de su vida previa”( frase de una madre adoptiva leída en una guía sobre adopción)

Adoptar es un proyecto de vida, en esencia es: acoger a un niño y convertirlo en tu hijo día tras día. Es un proceso complejo, un reto, una carrera de fondo.

Aunque la adopción es un hecho feliz, lo cierto es que se inicia a partir de una pérdida. La adopción tiene como principal objetivo el dar un hogar a un niño en situación de abandono. La adopción tiene, evidentemente, un lado negativo: ha habido unos padres que no han podido hacerse cargo adecuadamente de las necesidades de su hijo y un lado positivo: una familia dispuesta se hace cargo de un niño para responder a sus necesidades, para amarle.
Tengamos muy claro que la separación de la familia biológica nunca es por algo que se pueda atribuir a los niños, sino que cuando ha sucedido ha sido siempre por circunstancias ajenas a ellos. Ante esa separación la mejor opción para los niños es  la adopción, porque los niños que carecen de familia -por la circunstancia que sea-, necesitan tener una donde crecer y florecer.

Cada niño es único y afronta su historia previa con diferentes recursos. Cada uno de ellos tiene particularidades. Cada adopción, cada familia es diferente.

En absoluto todos los niños tienen traumas o trastornos. Es necesario puntualizar que las experiencias de desprotección y abandono no generan por sí mismas patologías.
La adopción no es la responsable de los trastornos de conducta y aprendizaje de los niños, ni ha generado las secuelas ni el daño emocional que puedan tener, todo lo contrario, la adopción es la que ayuda y mejora de forma categórica a los niños y les da la oportunidad de superar las dificultades o los problemas incluso, -si los hubiera-, los traumas que pudieran haber sufrido.

Ni todos los niños tienen problemas, ni los viven o desarrollan de la misma manera, aunque sí que existen dificultades que pueden resultar de las vivencias del niño anteriores a la adopción. Dificultades por ejemplo en algunas áreas del desarrollo y del aprendizaje, o en habilidades para la comunicación y relación social, son muchos los niños a los que hay que dotar de recursos personales para poder interactuar con su nuevo entorno y comprender todo lo que sucede a su alrededor.

Los niños adoptados, hacen grandiosos esfuerzos y necesitan quien de manera incondicional e integral, sea capaz de cuidarles, de suplir muchas de sus carencias, necesitan rutinas, límites y apoyo, todo lo necesario para ayudarles a conseguir un desarrollo de todo su potencial aunque ese desarrollo se produzca de manera más lenta e incluso desordenada porque con los niños adoptados puede suceder que tengan una edad física distinta a la edad intelectual, que a su vez sea distinta a la edad emocional, y aún diferente a la edad que tiene el vínculo con su familia adoptiva.

Adoptar no es fácil, el proceso es largo y complicado, pero aún más lo es convertirse en padres/madres de un niño, hacer que se sienta seguro con esa seguridad que deshecha todo miedo, hacer que se sienta querido incondicionalmente.


¿Por qué adoptar? 
Adoptar es una de las maneras de satisfacer la necesidad de ser padres.

Sean cuales sean las circunstancias personales y familiares en las que surge la idea de adoptar, es importante reflexionar sobre las motivaciones para ello, en buena medida porque pueden condicionar el éxito o el fracaso de la adopción.

Son muchas las razones por las que una persona o una pareja pueden plantearse la adopción.

Pero la adopción NO es una solución para:
  • Problemas de miedo a la soledad (del adulto).
  • Solucionar temas de reconocimiento social o familiar del que cree carecer por no tener hijos.
  • Solucionar o aliviar sentimientos de vacío.
  • Solucionar crisis personales de falta de sentido en la vida o de pareja que se creen erróneamente que se van a resolver teniendo un hijo.
  • Tratar de superar el duelo por la infertilidad o la pérdida de un hijo.
  • Intentar buscar un compañero de juegos para un hijo único.


Cada vez se conoce más a fondo las características que acompañan a la adopción. Las necesidades de los adoptados son las mismas que las de cualquier niño o niña y como todos los niños, requieren mucha atención y dedicación, reclaman mucho esfuerzo, entrega y sacrificios y a esas necesidades hay que sumar las que son propias de su condición adoptiva y aunque es cierto que a esas dificultades hay que añadirles las de la vinculación y el apego, las experiencias de muchas familias adoptivas han acreditado el valor de los lazos de parentesco, familiares y afectivos, creados a través de la adopción.

La adopción es una manera de formar una familia. La familia esté constituida por el número de miembros o de la manera que esté formada y aunque entrañe dificultades y plantee retos, es una motivación constante -la más grande- por la que merece la pena apostar: el ganador un niño. Tu hijo.



Fuente: Adopción, Punto de encuentro. http://adopcionpuntodeencuentro.com/






viernes, 27 de marzo de 2015

Tipos de estructuras familiares



Tipos de estructuras familiares

Tras analizar los cambios sociológicos y conceptuales en torno a la familia actual procederemos a dar nombre y entidad a estos diversos tipos de familia, acercándonos para ello a sus características básicas.

¿Con qué objetivo? Permitir a madres, padres y educadores comprender mejor la realidad de sus hijos y alumnos y establecer con medidas sencillas, modos de actuación o tratamientos más acordes con sus necesidades.

Varios aspectos claves son necesarios para comprender la riqueza y complejidad de esta diversidad familiar: a) Toda esta diversidad de familias tiene poco que ver con las características que durante mucho tiempo han definido a la familia tradicional, b) Una misma familia puede presentar características de más de un tipo, pues no son estructuras cerradas, ni excluyentes (por ejemplo una familia monoparental puede serlo por adopción, por inseminación, por divorcio, etc.), c) A lo largo del ciclo vital las personas atravesamos por distintos tipos de familia, d) La diversidad familiar ha existido siempre, siendo más notoria en ciertos periodos como en los de guerra o en torno a profesiones como marinero, pastor, etc. Que pasaban grandes periodos fuera del hogar, sin contacto alguno con su familia. Dada la ausencia del padre en estos periodos y en estas profesiones, han sido más habituales las familias monoparentales, habitualmente bajo la responsabilidad de la madre. Los hombres que luchaban en la guerra dejaban tras de sí una familia con esposa e hijos, que la mujer debía mantener y educar durante largos periodos de tiempo, muchas veces en solitario. Además la alta mortalidad de la población en general y la de los combatientes en particular, hacía que aumentaran las personas viudas, las segundas nupcias y con ellas las familias reconstituidas, e) Las familias de inmigrantes constituyen una significativa fuente de diversidad de configuraciones familiares, dados sus rasgos culturales y sociales diferenciales y el choque que muchas veces suponen en la cultura de acogida.

Atendiendo a estas premisas, presentamos una posible clasificación de los principales tipos de familia, que reflejamos en el trabajo de investigación titulado Modelos de familia y educación (2008) y en el que se describe con más detalle sus rasgos básicos. La clasificación por la que hemos optado está abierta, pues la realidad familiar es diversa y dinámica: 

1) Familias extensas o complejas
2) Familia conyugal o nuclear funcional
3) Familias monoparentales
4) Parejas cohabitantes o uniones de hecho
5) Parejas sin hijos
6) Hogares unipersonales o singles
7) Familias reconstituidas o mixtas
8) Familias adoptivas
9) Familias de acogida o familias “canguro”
10) Familias homoparentales, constituidas por personas del mismo sexo
11) Familias cuyos hijos nacen por técnicas de reproducción asistida
12) Familias por subrogación
13) Diversidad familiar que caracteriza a la población inmigrante. 

Esta diversidad nos lleva a afirmar que existen tantos tipos de familia como identidades culturales, tal y como queda patente en la obra de Rodríguez (2008).




Fuente: “Escuela inclusiva y diversidad de modelos familiares”. Lucía Aguado Iribarren. Revista Iberoamericana de Educación.

miércoles, 7 de mayo de 2014

Las nuevas situaciones familiares


Hemos ya comentado algunas de las situaciones de “riesgo” que pueden poner en peligro la vinculación afectiva adecuada entre padres e hijos. A ello tenemos que unir las actuales circunstancias sociales y, en concreto, las nuevas realidades familiares. En los últimos años, la familia tradicional ha ido dejando paso a nuevas formas de familia, cada una de ellas con sus peculiaridades, pero con un rasgo en común: la necesidad de fortalecer el trabajo de vinculación con los hijos ya que, para ellos, en algunos casos, las nuevas formas pueden suponer un desajuste emocional. 
 En concreto exponemos tres situaciones que pueden cursar con una necesidad primero de entender y luego de trabajar la vinculación con los hijos.

a) Los hijos adoptados.
En España, los procesos de adopción se han incrementado exponencialmente. Sólo el 10% aproximadamente son de niños nacidos en España. El resto provienen de países extranjeros, principalmente Rusia y China.
Estos niños tienen la fortuna de ser recibidos por familias acogedoras con una alta motivación por tener hijos y que suelen disponer de los recursos afectivos y económicos para atenderlos. De lo que, frecuentemente, no disponen los padres adoptivos es información concreta acerca de los síntomas y comportamientos que son habituales en estos niños y la forma de ayudarlos.
Cada niño llega con su propia historia y vivencias personales. Según la edad de adopción, puede haber pasado por diversas instituciones, familias de acogida, etc. Todo ello suele suponer a edades tempranas la imposibilidad de establecer una vinculación adecuada.
A pesar de que los padres adoptivos empezarán a cubrir esas necesidades, las consecuencias de un apego o vinculación no establecida en su momento, se manifestarán mediante conductas que suelen poner a prueba constantemente el amor de sus padres y los lazos que tienen en común. Lo más paradójico es que lo hacen mediante un proceso sutil de exigencias, manipulaciones, mentiras e, incluso, utilizando comportamientos agresivos y violentos hacia las personas que quieren. También, a veces, contra ellos mismos. Estas conductas son resistentes a cambiar y los procedimientos tradicionales (refuerzo, castigo, etc.) no acaban de funcionar dado que su origen es básicamente de tipo emocional. Por tanto, su tratamiento requiere también reforzar los lazos afectivos y la vinculación.

b) Hijos ante la separación de los padres
Es otra de las situaciones habituales hoy en día y que supone un factor de riesgo importante para la autoestima e integridad emocional de nuestros hijos. Aunque, en algunos casos, la separación pueda estar justificada por el deterioramiento general de las relaciones de la pareja y como mal menor, lo cierto es que siempre hay un impacto emocional en los pequeños.
Cuando es posible, lo ideal es que ambos padres compartan estrategias comunes respecto a la educación de los hijos y mantengan una relación tranquila y amistosa. El mensaje que deben recibir los hijos es que ambas figuras de vinculación comparten unos mismos principios y que van a seguir a su lado afectivamente independientemente que ahora vivan separados, tengan sus diferencias y estén sujetos al convenio de separación que hayan alcanzado legalmente. Para alcanzar estos objetivos es esencial dar la imagen de unidad en las cuestiones fundamentales que atañen a los hijos.
También se hace necesario evitar los errores comunes que algunos padres cometen tras la separación. Entre otros:
-Utilizar al hijo como aliado en contra del otro o como herramienta de chantaje.
-Hablar mal del otro o culpabilizarle. Evitar la manipulación emocional.
-Intentar comprar su afecto o compensarle con excesivos premios o regalos materiales lo que puede suponer un agravio hacia la otra persona y una relación que al final se fundamenta más en lo material que en lo afectivo.
-Crear dudas acerca de su futuro o entrar en contradicciones con lo que le manifiesta la otra parte al hijo.
-No engañarlo. Según su edad, el niño tiene derecho a saber cual es la situación y cual su futuro.
-Evitar nuevas discusiones delante de los hijos ya sean presenciales o por teléfono.
-Si el hijo/os están en régimen de compartidos, suavizar la transición de un hogar al otro. Lo ideal sería compartir espacios comunes durante algún tiempo. Por ejemplo, cuando toque el cambio de una casa a la otra, los progenitores separados pueden quedar en un espacio público y compartir brevemente información de las novedades que se han producido en el día a día de los niños. Esto puede dar tranquilidad a los niños en el sentido de que ven que ambas partes comparten el interés por ellos.
Sea como fuere, los hijos de padres separados deben ser ayudados emocionalmente y debemos reforzar el trabajo de vinculación siguiendo las pautas que más adelante se exponen.

c) Familias monoparentales
Este tipo de familias también ha visto incrementado su número en la sociedad actual. Diversas son las circunstancias. Desde parejas separadas en la que la madre se hace cargo en exclusiva de los hijos a mujeres que han decidido ser madres sin una pareja estable por inseminación artificial.
Son familias que también deberán trabajar adecuadamente los procesos de vinculación dado que uno de los progenitores no está presente. Ello puede suponer un reto para, generalmente la madre, dado que tendrá que compaginar el tiempo empleado para generar los ingresos necesarios para subsistir con la dedicación suficiente hacia su hijo o hijos.
Si los espacios que tenemos con nuestro hijo son mínimos sólo podremos compensarle intentando mejorar la calidad de esa relación. Es decir, acompañándolo en sus juegos, escuchándole y haciéndole ver que aunque no estemos todo el tiempo con él, seguimos ahí para cuando nos necesite. Hoy en día podemos aprovechar la telefonía móvil y otras para comunicarnos en la distancia. De todas formas, los tiempos necesarios nos los marcan siempre los niños y sus circunstancias pasadas y presentes. Debemos ser sensibles a sus demandas.
Un error que debemos evitar y que suele darse en este tipo de familias es el de la sobreprotección o excesiva dependencia de una persona. No hay que confundir dar atención afectiva y soporte emocional incondicional con crear una estructura de funcionamiento donde el niño se le impide realizar determinadas actividades por temores irracionales de los adultos (según edad: no realizar determinadas actividades potencialmente “peligrosas” como ir a la piscina con la escuela, no efectuar salidas que no sean con la madre, etc.). Debemos ser capaces de proporcionar seguridad y afecto pero también autonomía.
Finalmente resaltar la importancia que terceras personas pueden asumir en estas familias. Abuelos, tíos, etc., pueden constituirse, según las circunstancias, en figuras importantes de vinculación y, por tanto, estar sujetas a las recomendaciones que a continuación se exponen.