Páginas

Mostrando entradas con la etiqueta Elisabeth Lukas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Elisabeth Lukas. Mostrar todas las entradas

miércoles, 17 de febrero de 2016

De como el duelo y la muerte, se convirtieron en producto de consumo.

Los antiguos hebreos consideraban que el cuerpo de una persona muerta era algo impuro y que no había de tocarse. Los primitivos indios americanos hablaban de los malos espíritus y disparaban flechas al aire para dejarlos. Muchas otras culturas tienen rituales para protegerse de la persona muerta "mala", y todos se originan en este sentimiento de ira que todavía existe en todos nosotros, aunque no nos guste admitirlo. La tradición de la lápida sepulcral puede que tenga su origen en este deseo de mantener a los malos espíritus allá abajo, en lo hondo, y los guijarros que muchas personas ponen sobre la tumba son símbolos del mismo deseo. Aunque consideremos las salvas de cañones en los funerales militares como un último saludo, en el fondo se trata de un ritual simbólico semejante al que usaba el indio cuando lanzaba sus venablos y flechas al cielo.
Doy estos ejemplos para poner de relieve que el hombre no ha cambiado básicamente. La muerte es todavía un acontecimiento terrible y aterrador, y el miedo a la muerte es un miedo universal aunque creamos que lo hemos dominado en muchos niveles.
Lo que ha cambiado es nuestra manera de hacer frente a la muerte, al hecho de morir y a nuestros pacientes moribundos.
-E. Kübler-Ross-


Un resultado de toda esa presión ideológica converge sobre la actitud social ante los duelos en nuestras sociedades, dando lugar a la presión hacia su ocultación y aislamiento. Dicho en otros términos, refuerza las tendencias humanas, espontáneas e inconscientes, hacia la negación y disociación de los duelos (y la muerte).  A estas líneas ideológicas y de organización social, se superestructura cultural y de base económica, se una otra "línea de fuerza" [...]: la ideología de la tecnificación, de la tecnociencia. La medicina ha pasado a ser la religión de las sociedades tecnológicas y "postindustriales", incluso a pesar de la "desacralización" de los médicos, sus oficiantes, que han acabado ocupando un lugar de asalariados, de servidores en el altar de la ideología y de la negación: pero siempre hay unos pocos "grandes sacerdotes" y servicios (iglesias) médicas que encarnan la excelencia de la medicina y la ciencia para afrontar todos los dolores humanos. Y si no, gustosamente políticos y periodistas juegan ese papel. El resultado es una fuerte tendencia en nuestras sociedades hacia la tecnificación y maquinización del cuidado del sufrimiento, el dolor, la aflicción, la muerte. Una segunda característica de la actitud ante los duelos que quería señalar aquí. ¿Por qué estar triste si se puede tomar "Prozac"? Y así, como ejemplo extremo, la muerte puede estar perdiendo su sentido para nuestra sociedad y nuestra cultura (como para todas las sociedades que han existido): ser el último momento de la vida, el momento del cambio, el momento en el cual el alma (la vida) abandona el organismo, que pasa a convertirse en algo inanimado, no humano, impersonal. Morir hoy en día en una urbe occidental es, en más del 80% de las ocasiones, morir intubado, sin poderse comunicar, anestesiado y sedado, inconsciente, alimentado artificialmente, perfundido. Y sobre todo, a menudo es morir (bastante) solo, en el hospital, marginado de todo lo que hasta entonces ha supuesto la vida para ese moribundo que podríamos ser nosotros mismos. La actividad ante los procesos psicosociales de duelo y la aflicción parece estar llevando cada vez más el mismo rumbo.
-J.Tizón-


martes, 15 de diciembre de 2015

Excusas (-ante la responsabilidad-).

Excusas (-ante la responsabilidad-).

La nuestra es una sociedad permisiva. Se ha puesto de moda culpar al pasado, al medio ambiente y a debilidades genéticas y psicológicas, por cualquier falla o conducta equivocada. Un estudiante violento es disculpado en nombre de las condiciones desordenadas de su hogar; un alcohólico por su estructura genética, y un golpeador de su esposa por su carácter agresivo. Ciertamente, el pasado no puede cambiarse, ni genes, ni tendencias. Pero se puede controlar la forma como vive uno dentro de esas condiciones. El estudiante violento debe darse cuenta de que su responsabilidad no repetir la actitud de “todos contra todos” de sus padres, en sus relaciones con los que lo rodean. El alcohólico debe ver que su responsabilidad es no tomar esa primera bebida, que desatará su respuesta genética al alcohol. El golpeador de su mujer debe comprender que si bien no es responsable de sus impulsos agresivos, sí es de lo que hace con tales impulsos.



Cuando el espíritu no está bloqueado, cuando los recursos del espíritu están al menos ligeramente accesibles, el individuo se encuentra en capacidad de ejercitar su voluntad de sentido a través de una selección responsable de alternativas. Nuestra sociedad ha ido muy lejos en el sentido de disculpar la irresponsabilidad, especialmente dentro de la familia. Los padres son responsables por los hijos pequeños; los hijos mayores por los padres ancianos; las parejas, el uno del otro.



Muchas personas culpan a “los errores de los padres” de su propia infelicidad y mal comportamiento. Elisabeth Lúkas habla del complejo de los “malos padres”, que justifica a muchos adultos no asumir su responsabilidad ante sus dificultades. Escribe: “Se culpa a los padres por haber sido sumamente estrictos, demasiado autoritarios, muy indiferentes, bastante insoportables, excesivamente protectores, extremadamente exigentes o democráticos, o inseguros, o exageradamente inconscientes”. Difícilmente puede encontrarse comportamiento paterno que no puede ser utilizado como excusa. Cuando los hijos empiezan a culpar a sus padres, parecen sentirse relevados de una responsabilidad que en realidad es de ellos mismos.




Fuente: Joseph B. Fabry. “Señales del camino hacia el sentido”. Ediciones LAG. 

martes, 31 de marzo de 2015

¿De qué depende la dependencia? Por E. Lukas.



Todo ser humano que tiene la oportunidad de hacerse adulto está obligado a superarlos paulatinamente a medida que va creciendo.

1.- La dependencia de efectos externos (o de la aprobación de los demás).
  • Consiste en: la recompensa de la recompensa o e, castigo que esperamos cosechar en el prójimo.
  • En este caso: lo que "está bien" es lo que despierta el cariño de los demás e impide el rechazo (se orientan hacia el éxito).
  • Existe el peligro de ser manipulado: no se actúa en libertad, sino siempre guiado por la probabilidad de ser recompensado o castigado.

2.- La dependencia de efectos externos especiales (o de la aprobación de personas determinadas).
  • Consiste en: la dependencia de las opiniones y actos de unas cuantas personas con las que existe una relación particularmente estrecha.
  • En este caso: lo que estará "bien" es lo que guste y valoren positivamente estas pocas personas.
  • Existe el peligro de estar sometido: no se actúa con libertad, sino bajo el dictado de las ilusiones de otra u otras personas.

3.- La dependencia de efectos externos interiorizados (o de la aprobación de una sociedad basada en valores transmitidos).
  • Consiste en: que los efectos externos se han interiorizado.
  • En este caso: lo que estará "bien"será todo lo que coincida con la moral social (cuando una persona abandona la voz de su propia conciencia y el camino que le conviene).
  • Existe el peligro de estar determinado por fuerzas ajenas: se actúa con aparente libertad, pero en realidad se sigue la experiencia y voluntad de un colectivo.

4.- La dependencia de efectos internos (o de la aprobación del estado anímico propio).
  • Consiste en: cuando nos sentimos, recibimos atención y recompensa, cuando las personas cercanas son un modelo a seguir y cuando sabemos que estamos en armonía con el entorno social.
  • En este caso: la dependencia de los efectos internos, es decir, de cómo nos sentimos después de un acto determinado. No hemos dicho que estar "bien", significa sentirse bien.
  • Existe el peligro de volverse adicto; no se actúa voluntariamente, sino bajo el yugo del propio estado anímico.

5.- La independencia de efectos de cualquier tipo y la dependencia de requisitos de tipo especial (aprobarse uno mismo).
  • Consiste en: solo la persona totalmente independiente de efectos externos e internos está capacitada para elegir libremente sus actos, incluso cuando al elegir recibe a cambio castigo, rechazo y condena de los demás o pena y dolor en su alma. Solo este ser humano libre estará en situación de cuestionarse el "bien en sí mismo" y buscar las cosas buenas.
  • En este caso: se actúa con libertad pero siguiendo un lema "si el otro no, yo tampoco". 
  • Existe un último peligro de que el "bien en sí mismo" sólo se haga si se cumple un requisito determinado, a saber, que otras personas también estén dispuestas a hacer el "bien en sí mismo": el peligro de la vanidad.


Fuente: Elisabeth Lukas, (2005).  "Libertad e identidad. Logoterapia y problemas de adicciones". Barcelona: Paidós. Pp. 27-32.