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miércoles, 17 de febrero de 2016

Ser Padres Gestálticos: Aprendiendo en el camino

Ser padre o madre, es como la Gestalt: totalmente vivencial. Todo lo que yo haya leído o me hayan contado alguna vez sobre la maternidad, no alcanza para hacerme una idea real de cómo es ser madre. Yo lo viví como una gran crisis que cambió toda mi vida, (para mejor).

De hecho, ser madre de mi único hijo, Enzo, (4 años de edad), activó “algo” en mí, una nueva versión del mundo, que tiene que ver con la trascendencia, con ser una mejor persona y un buen referente para mi hijo. Maduré de pronto, me pregunté qué quería en la vida, me di cuenta de todo el tiempo que había perdido viviendo por vivir. De repente supe que el camino que había elegido era el que yo quería seguir, y sentí mucha fuerza para caminarlo firmemente. Desperté. Mi hijo me dio esa fuerza y esa seguridad para avanzar como paso firme. Le dio sentido a mi vida. Se me activó la parte profesional, me volví muy productiva y trabajadora. Y es que yo quería ser “alguien” para mi hijo.

La tarea de ser mamá, no ha sido nada fácil. Ha sido la tarea más difícil que me ha tocado desempeñar y hay escritos míos que evidencian esta angustia y desesperación. Sobre todo, en la etapa de los 2 años de edad, que me fue muy difícil de manejar, porque no entendía a mi hijo.

Sentí la necesidad de escribirle muchas veces para que él pudiera leer esos escritos cuando sea grande, y supiera las cosas que había, como una ayuda memoria de su vida.

Aquí algunos ejemplos:
Querido Enzo: tienes 2 años y medio y pareces un adolescente rebelde que quiere lograr su autonomía. A veces eres dócil y obediente, otras, desafiante, autosuficiente, crees que puedes hacer las cosas solo, y no me dejas ayudarte. No sé cómo tratarte”.

Ya te saqué los pañales, aprendiste en una semana, pero a veces creo que controlas con el tema de la orina. Te veo retorciéndote y aguantándote y te pregunto si quieres ir al baño y me dices que “No”. ¡Para mí, es evidente que “Sí”! te digo que vayamos, que yo también quiero orinar. Te digo que tú primero y me dices que “No”. Me siento yo, y comienzas a gritar como un loco “sal que yo quiero hacer…”, te digo que ya no puedo pararme, que estoy a mitad de proceso, y te haces pipí frente a mí en los pantalones. ¿Dime si no es para desquiciar a cualquiera?

“A veces las cosas son muy difíciles contigo. Esa ambivalencia que tienes de primero decir no, después sí, después otra vez no, ¡me desespera! Es como leí en un libro que me prestó tu profesora del nido, como un “síndrome pre-menstrual permanente”…¡eso sí lo entiendo bien!, y viendo las cosas de esa manera, ahora te tengo un poco más de paciencia…

Debo confesar que hasta que llegué a ésta etapa, había sido tolerante con el mundo, tenía mucha paciencia, pero mi hijo me sobrepasó. Rompía mi armonía a cada momento, y yo tuve que trabajar conmigo misma para que la situación pudiera ser llevadera…y felizmente, lo logramos. La etapa pasó y vinieron otras, donde la comunicación con mi hijo es mucho mejor y más divertida.

Y así como vivo dificultades, también vivo cosas lindas y graciosas como:
Querido Enzo: el otro día me hiciste reír mucho. Te terminaste de lavar los dientes y refregaste el cepillo en el jabón diciendo: “para no hablar palabras feas”… y lo más gracioso de todo, es que después te lo metiste a la boca!

Regresé de la peluquería, y nadie había notado algún cambio en mí, excepto yo. Me miraste deslumbrado y me dijiste: “Mamita, ¿Dónde te has ido? ¿Por qué estás tan bonita?” Fue un momento sublime para mí. ¡Te diste cuenta, te abracé y te llené de besos!”.

El otro día me dijiste: “Mamá, soy el niño más afortunado del mundo, porque cuántos niños quisieran que tú seas su manita, y yo tuve suerte de que tú fueras mi mamá”.
Mamá, yo te amo y te adoro del tamaño del lago Titicaca”.

Bueno, y luego de transcribir una pequeña muestra de mis escritos, quisiera compartir algunas reflexiones sobre lo que significa para mí ser gestáltica y madre al mismo tiempo.


1.- Ser terapeuta gestáltica no me inmuniza de cometer errores.

He aprendido en la práctica que soy un ser humano, que aprendo día a día a ser mamá, y que los conocimientos de terapia que puede tener, a veces me sirven y a veces no me dan resultado, sobre todo en los momentos de crisis o estrés, que me olvido de todo lo que aprendí y actúo tal cual lo hicieron conmigo. Es algo que he observado repentinamente: en tiempos de tranquilidad y armonía, la Gestalt y todo lo aprendido, puede aplicarse perfectamente, pero cuando hay crisis, emergencias, caos, estrés, mi árbol (genealógico) se impone, y cometo errores.

Soy consciente también que por más bien que crea que le estoy haciendo a mi hijo, lo voy a herir en algo, ya sea voluntaria o involuntariamente. Que la madre perfecta no existe, y si existe, tal vez esa “perfección” sea la principal causante de las heridas del hijo.


2.- Los límites: acto de malabarismo.

Ser una madre gestáltica hace que constantemente esté buscando el equilibrio entre ponerle límites a mi hijo y dejarlo ser. Entre estimularle la imaginación, el teatro, el juego, la creatividad y el restringirle los excesos de energía que rebasan los límites de lo permitido. Es darle permiso para que exprese su rabia, pero hasta cierto punto…sin pasarse de la raya.

Siempre tuve la loca idea de que cuando sea madre, iba a ser muy amorosa y que le pondría los límites a mi hijo con mucho amor y armonía, pero en la práctica, me di cuenta de que eso no me funcionaba con mi hijo, porque no me obedecía. Le daba muchas explicaciones de por qué tenía que hacer esto o aquello, y nada, no me obedecía, y muy por el contrario, si hacía caso a las personas que lo hacían más firmemente, y a veces con brusquedad. Y es que jamás me imaginé que tendría un hijo tan independiente, rebelde y combativo…

Algo que me ha funcionado muy bien, para que obedezca, es el juego. Hacer las cosas jugando o bien hacer un espacio de juego con él, donde yo no proponga nada, sino que me abandono a sus reglas, donde él disfruta, se ríe a carcajadas, lo pasa bien, está satisfecho con ese tiempo de juego que necesita con su mamá y en el momento en que vienen las obligaciones, la cosa es más llevadera, no tiene tanto problema en obedecer, lavarse los dientes, o cambiarse.


3.- Mi hijo, mi maestro.

Mi hijo para mí, es un pequeño maestrito que me recuerda diariamente qué es lo sano, y cuan neurótica puedo ser como adulta por darle mayor importancia, a veces, a los parámetros que exige la sociedad para la crianza de los niños.

Ejemplo de ello, es la alimentación. Cuando el chico está lleno, dice “ya no quiero”, me llené. Pero los introyectos sociales tipo “una buena madre tiene que alimentar bien a su hijo”, hace que no respete su proceso y le lance un “tienes que comer”… o tenga que negociarle “esto comes, y esto dejas” o “cómete la carne”…”, etc. ¿Por qué simplemente si ya no quiere comer, no come?

Me doy cuenta en mi hijo, de lo que es un ser espontáneo, puro. Lo observo maravillada cómo se asombra, cómo disfruta de la música, cómo baila sin la menor vergüenza, como se ríe a carcajadas, con todas sus ganas, cómo llora desconsoladamente, y como se recupera con un abrazo y un beso de su papá o mamá…pienso que los adultos tenemos mucho que aprender de los niños! Ahí es cuando veo en vivo “el ciclo de la experiencia” de forma sana, sin interrupciones de ningún tipo. Él está en contacto con su organismo, sabe lo que necesita, lo pide, si no lo consigue se enoja, expresa abiertamente su rabia, si quiere ir al baño, tiene que ir en ese momento y no puede esperar… ¡Es tan sencillo y difícil al mismo tiempo!


4.- La importancia de la “congruencia”.

He observado en la práctica, cómo le enseño a mi hijo con el ejemplo. Si yo grito como histérica, él también grita.  Si yo le doy manotazo, él me contesta el golpe con otro.

El hará lo que yo haga, le diga lo que le diga. Si no quiero que grite, yo no puedo gritar. Si no quiero que coma en la habitación, nadie en la casa lo puede hacer tampoco. Esa congruencia entre lo que se dice y lo que se hace es importantísima, y me recuerda a la importancia que se le da al lenguaje no verbal en Gestalt. Lo que le queda a él como aprendizaje es lo que vivencia y percibe a través de sus sentidos.


5.- La bendita culpa.

Algo que me imagino le habrá pasado a los padres y terapeutas gestálticos, es tener que dejar los hijos a cargo de otros, como familiares, mientras nosotros hacemos maratones de fines de semana.

Es a veces pasar varios fines de semana sin estar con mi hijo, y a veces dudo si estoy haciendo lo correcto, pues mi hijo no volverá a ser pequeño, y pienso que él debería ser la prioridad en mi vida. Pero también me gusta hacer terapia y disfruto mucho de mi trabajo. La culpa por dejarlo ha sido un tema que algunas veces me sigue persiguiendo, así sepa que él está perfectamente bien cuidado en casa de familiares. Coincide que a veces se enferma cuando lo dejo encargado, y esas “coincidencias”, para mí no son casualidades sino mensajes.

He aprendido a equilibrar todo y a no cometer excesos. Si tengo un taller de fin de semana, el lunes, compenso y la paso con mi hijo como sea. Si puedo faltar al taller, encontrando un reemplazo, lo hago para pasar el fin de semana con mi hijo. Si el taller es de sumo interés para mí, me organizo y lo dejo al cargo de familiares. Voy compensando mis ausencias con calidad de tiempo, haciendo cosas que no se olviden, como llevarlo al teatro, ir a un bonito parque, ir a darle de comer a las palomas, que monte caballo, etc.

Y así, aprendiendo de mis errores y aciertos, se me han ido pasando los años muy rápidamente, y mirando hacia atrás, veo que no le he hecho tan mal, que tengo un hijo precioso y vivaz, que es una bendición de Dios.


6.- El cambio generacional.

De hecho, estamos en otra época, antes los hijos obedecíamos y punto. Ahora, los niños son diferentes, son más estimulados, más informados, más rebeldes, y nosotros, como padres, con nuestra propia experiencia de crianza, hemos quedado totalmente obsoletos en la forma de educar.

El paradigma cambió y estamos en un limbo de no saber qué hacer. Lo veo en mis colegas, en mis pacientes, en mis amigas, ¡que no saben qué hacer sobre todo con sus hijos adolescentes! No saben qué hacer con la temprana curiosidad e iniciación sexual. He oído repetir una y otra vez: “a su edad yo jugaba con muñecas…”, no saben qué hacer con los problemas generados por el uso y abuso de internet, etc.
Como padres, nos queda ajustarnos creativamente a la nueva realidad social de nuestros hijos, a tener la plena conciencia de que el mundo que les ha tocado vivir, es diferente al nuestro, el de ellos cambia vertiginosamente año a año con una rapidez que nosotros hemos vivido recién en décadas. Tenemos que aprender juntos, padres e hijos a sobrevivir en estos tiempos e ir forjando un nuevo tipo de educación, más humanista, donde exista mucho más comunicación y aceptación de ambas partes.

He aquí nuestra responsabilidad como gestálticos, de hacer un trabajo de hormiga, primero con nosotros mismos, para transmitirlo luego a nuestros hijos, a otros padres, a otros profesionales y al resto del mundo.
-Perú-

Fuente: “Ser padres gestálticos”. Por: Ana Cecilia Sáenz Avalos. P. 19 – 24.


lunes, 15 de febrero de 2016

Un viaje por Arteterapia

Pensar en Arte Terapia me dispone, así, de principio, a la sensación de un tiempo y una acción que trasciende lo momentáneo y lo permanente. Es algo así como una ensoñación diurna que provee de la seguridad del pensamiento y de la sensación de permanencia de lo interno.

El proceso de Arte Terapia es como un viaje, en el que nos desplazamos sobre el vehículo de las emociones, con un equipaje ligero, lleno de pequeñas cosas que pertenecen a grandes recuerdos. Es un viaje que nos lleva, a través de no siempre caminos fáciles de transitar, hacia la conquista de nuevos mundos, nuevos espacios de vida; nuevos espacios, que aunque desconocidos a veces, no son sino una prolongación amable de nuestra historia, de nuestro modo de ser. Es un recorrido que nos permite avanzar desde lo propio y conocido a nuevos terrenos de prolongación personal.

Es un viaje que transita y traspasa el tiempo, por ser un momento de creación. En todo viaje nos acompaña nuevos modos de oler, de saborear, de dimensionar el tiempo, con nuevos ritmos biológicos, cambios en la porosidad de la piel, en la sensibilidad cutánea, en la percepción del tacto, los recuerdos, la memoria, la disposición al lenguaje y comunicación, en definitiva, la percepción de sí mismos; de esta manera podría definir con precisión en qué consiste la Arte Terapia.

Arte Terapia es también un proceso de creación por excelencia. Pero tendría que precisar que no es lo mismo el proceso de creación, que el proceso de creación en arte terapia.

El viaje de la creación sería aquel, en el que el placer de crear es lo que prima el momento, cogidos por el gusto de re-crear nuestros espacios de vida, empujados por una sensación de embriaguez y abandono en la expresión de crear, en ese encuentro con la obra que, poco a poco, nos despierta el progresivo avance de la misma, a veces casi de golpe, con y en la imagen de lo creado. Los momentos de creación son momentos excepcionales de vida, de sentir la plenitud de vivir, de la tensión de vivir. La creación es una puesta a prueba por encontrar un lugar para el sí-mismo y que, desde la frustración inherente al hecho de pensar y desear, nos lleva a un lugar de ideal en nuestra relación con el extraño, con el otro. Toda creación viene determinada por el encuentro con una obra, sentida, pensada, emocionada, en un ideal, frustrado o no, en el que nuestra posición en el mundo y con los demás, en el que la relación con el Otro, garantiza y determina inevitablemente la idea. Por ello, el momento de la creación es un modo de querer y un modo de ser.

En Arte Terapia, el viaje de la creación toma otros derroteros, aunque no muy distintos. Los caminos de la creación aquí, no se producen solo en esa comunicación de la fantasía y el goce estético para y con el Otro que se da en los momentos de creación. En Arte Terapia, el viaje de la creación, supone de entrada la adquisición, la demanda de un “billete” que nos garantiza el viaje y el maquinista, el desplazamiento y la llegada, el recorrido y su aprovechamiento.

La creación es indispensable para el arte terapia; ahora bien, en el proceso de arte terapia, el esfuerzo por crear revela siempre una inquietud ante lo conocido de sí mismo, pero no menos ante lo desconocido de sí mismo. Es un estallido interior que provoca una multiplicidad de sí y promueve el pegado puzzleriano que nos apuntala a modo de seguridad interna. Es un estallido que revierte en dar sentido a lo que no lo tenía, o dar sentidos distintos, contrapuestos, viscerales, fusionales a lo más insospechado o irreverente. Y como la creación siempre se sitúa y aparece en ese intersticio que se da entre la palabra y la cosa, entre el símbolo y su representante, en eso que podemos llamar la “urgencia del símbolo”, es desde el proceso de arte terapia como podemos mediar sin urgencia, pero con cierta emergencia, por encontrar los referentes plásticos de lo interno, por amortiguar lo imposible de simbolizar, es decir, lo llamado “urgencia del símbolo”. Creo que no se trata de otra cosa en la vida del sujeto y es el interés por excelencia del proceso arte terapéutico.

El billete (la demanda) y el maquinista (el arte terapeuta) nos garantizan y nos sitúan en un espacio de seguridad que produce un espacio de intimidad, que no es sino eso, una intimidad compartida por el saber y la subjetividad del Arte terapeuta. Así, desde la paradoja que da sentido a nuestra existencia como deseantes, es decir, que deseamos para aplacar la tensión que conlleva el deseo, el viaje en Arte Terapia es un viaje paradójico; creamos desde lo íntimo para dar forma a eso tan inconcluso que es lo íntimo, y hacemos la obra, precisamente, desde la necesidad y seguridad de su inconclusión. En Arte Terapia, una obra remite a otra, así como una palabra, o una emoción o una historia. Las obras se hacen para la mirada y el parecer eminentemente subjetivo del arte terapeuta, para su mirada, para su decir, para su subjetividad por fi n; para olvidarlo, para compartir, para excluirlo, para anhelarlo. La presencia del arte terapeuta nos alivia y nos inquieta. Nos alivia por la seguridad de su saber, de su acogimiento, de su interés; nos inquieta por su mirada, por lo desconocido de uno y que le pertenece a poco que la obra se ponga en marcha. Pero lo más importante, creo, es la subjetividad que aporta al proceso, ya que a partir del encuadre, la tarea viene impregnada por la emoción y la falta en ser del arte terapeuta, siendo esto lo que precisamente nos da la posibilidad de la identificación y, por tanto, de la simbolización, para encontrar modos de semejanza-diferencia en nuestra creación.

Arte Terapia es también una travesía de un tiempo y de un espacio. Todo viaje, sobre todo si es de placer, es un paréntesis en nuestra vida, en nuestra vivencia del tiempo de lo cotidiano.

Al volver de las vacaciones, uno se “encuentra” de nuevo, no solo con su cotidianidad, sino que efectivamente se encuentra nuevamente consigo mismo, con sus quehaceres (aquellos que le dan vida a su vida, que le ocupan y preocupan). En arte terapia el viaje se hace, como si dijéramos, desde dentro, desde lo más interno, desde la necesidad de vivir-se de otro modo en el transcurso de la sesión de arte terapia. Esto es lo nuevo y tremendamente positivo: uno se da permiso, desde la seguridad del maquinista, de abandonarse para encontrarse en lo desconocido de uno, en la seguridad del deseo del arte terapeuta.

En Arte Terapia, el proceso arte terapéutico, la vivencia de la sesión, es un tiempo en el que se entrelaza la emoción, la razón y lo íntimo. La emoción, desde el gusto de emocionarse en la serenidad de la construcción de ideas y sensaciones que, por inefables, no son menos sentidas y vividas. La razón, desde la conciencia permanente de una acción voluntaria, en un esfuerzo por la concreción en lo plástico de lo interno, aunque de efectos desconocidos. Lo íntimo, porque permite tocar, visualizar, oler y acariciar lo más desconocido y lo más cercano al sentimiento de sí.

El arte terapeuta no quiere solo nuestro bien-estar, nuestra felicidad, nuestra evitación del malestar; quiere algo más: quiere el desarrollo de lo propio de cada uno, que podamos construir desde el malestar. Quiere que la ambivalencia propia del deseo no nos impida desear; que desde la dificultad se extraiga la posibilidad; quiere también que la duda y el dolor sean vividos como parte de la constitución subjetiva y, por tanto, que desde el trabajo de creación puedan simbolizarse como modos de ser y de relación.

En este sentido, el viaje de Arte Terapia es ese recorrido que hay entre el pensamiento y el lenguaje, entre la emoción y la consciencia, entre el deseo y la tensión de desear, entre el placer y el displacer, entre el yo y el otro, entre la escritura y el hecho de escribir, entre la obra creada y el proceso de creación y todo ello sostenido por la presencia del arte terapeuta desde su necesidad de construir en la sesión.

Arte Terapia es, rizando la metáfora, una poética de la creación. Lo más interesante es la incesante búsqueda de la metáfora, en ese deseo que posibilita el encuentro con lo más íntimo y desconocido de uno mismo, en el que se conjugan perfectamente la necesidad vital del otro y el deseo tonificante de “ser”. La poética la otorga el hecho de que el sujeto siempre se piensa alrededor de un vacío, un lugar sin palabra ni pensamiento que concluye en la necesidad del otro como deseo, pero que de alguna manera termina por poner un ideal a la necesidad; la poética no es sino la envoltura de la que se otorga el “yo” con la ilusión ilusionada del otro.

Por esto, el proceso de arte terapia es esa envoltura en la que se acoge el sujeto llenándola de vivencias de ligazón al otro, a la ilusión de ser.

Pero el proceso de arte terapia no es solo un proceso de envoltura, de envolvimiento; es también un proceso de “des-envoltura”, de des-envolvimiento, en el que, quiérase o no, se desatan determinados procesos que tienen que ver con nuestros modos de ligar vínculos, en el que se deben de ir ordenando y estableciendo nuevos modos de vincular, que son a fi n de cuentas lo que más nos interesa: dar un paseo y viajar por los entresijos del sí-mismo, sentir el dolor de las ambivalencias y realizar un tejido con las texturas emocionales. Esto es lo verdaderamente terapéutico y valioso de la práctica del “arte terapia”.





Fuente: Francisco J. Coll Espinosa. Psicoanalista, director del Master Universitario de Arte Terapia de la Universidad de Murcia. Revista Papeles de Arteterapia. 

lunes, 10 de agosto de 2015

Antecedentes Históricos del Análisis Existencial y Logoterapia

Raíces filosóficas y psicológicas.

Uno de los grandes méritos de Víktor Frankl, fue el enlace o inclusión que hizo de disciplinas que por tradición se mantenían alejadas: psiquiatría, psicología y filosofía.
Desde muy pequeño, su espíritu inquieto lo llevó a interesarse por temas filosóficos. En su adolescencia y juventud profundizó en su estudio, en especial en la filosofía existencialista que en esos años era tema de controversia y gran interés en el ambiente intelectual de Viena.

El joven Frankl, se reunía con los propios representantes del pensamiento existencialista –Martin Heidegger y Karl Jaspers- para discutir esos temas.

Para Frankl la filosofía es una parte esencial de la naturaleza humana y en distintas ocasiones afirmó que no puede ni debe desligarse de la actividad terapéutica ya que muchos problemas humanos, angustias y hasta neurosis se derivan con frecuencia de una postura filosófica determinada.

El profundo estudio de la obra de Max Scheler lo marca de tal manera que más tarde incluiría en el desarrollo de su teoría la importancia de la actualización de los valores para un sano desarrollo de la personalidad.

Por otro lado, como estudiante de Medicina y Neuropsiquiatría, Frankl profundizaba en el estudio del psicoanálisis freudiano. Reconoció la genialidad de Sigmund Freud, sin embargo, no estaba de acuerdo en algunos de sus planteamientos.  En especial se opuso a la visión determinista y dogmática del psicoanálisis y a su visión reduccionista del ser humano. Para Víktor Frankl, la concepción que Freud tenía del hombre, era tal que deformaba al ser humano a una caricatura.

Se une entonces al grupo Adleriano e inicia con sus maestros Allers y Zchwartz varios centros de consultoría para los jóvenes afectados por los efectos de la primera guerra mundial.  Los temas más frecuentes eran entonces, depresión y suicidio. Estos centros tienen tal bienvenida que pronto se abren varios más en Frankfurt, Praga, Zurich y Berlín.
Víktor Frankl tuvo la influencia de muchos pensadores, mas siguió siempre su propio camino.  Su Logoterapia es el resultado, por un lado, de la maduración de dichas influencias y de los aportes de la propia experiencia de Frankl.

Varios autores y el propio Frankl, consideran la Logoterapia como una psiquiatría existencial, como parte de la tradición existencial europea. Otros la anexan a la psicología existencial-humanista por la influencia que el pensamiento existencial europeo tuvo en el surgimiento de la psicología humanista.

A continuación haremos una breve revisión del origen y principales conceptos de la filosofía existencial surgida en Europa.


La filosofía existencial-humanista.

La filosofía existencialista representa un parte aguas para la filosofía tradicional.

Sören Kierkegaard (1813-1855) es considerado el padre de dicha filosofía. Pero hasta casi un siglo después fue retomada y continuada en Alemania por Martin Heidegger.

Kierkegaard hablaba de la existencia concreta de la persona con su singularidad, autonomía, con su sentido de libertad y responsabilidad. Fue el primer autor en señalar que cuando surge la angustia, la impotencia, la desesperación, el quebranto y la culpa, es cuando el ser humano puede concientizarse de su humanidad.

La reaparición de sus ideas en Alemania y después Francia, reflejaban la situación de inseguridad, inestabilidad y angustia que se vivía en Europa tras la primera guerra mundial. Y se vio reforzada –asentándose como fuerza independiente- después de la vivencia de la segunda guerra mundial.

Sus temas resonaban en lo más profundo de las personas de esa época: la preocupación por la “existencia”, lo humano concreto. La explicación de la existencia humana desde el plano de lo inmediato de la experiencia personal. No se trata de entender ni analizar racionalmente la existencia humana, su fragilidad, su angustia, su finitud.

Rollo May define el movimiento existencialista como “tomar como centro a la persona existente”, donde el énfasis se pone en el ser humano como surge y deviene.

Cuando el ser humano se enfrenta a los supuestos básicos de la existencia: la libertad, el aislamiento, la carencia de sentido vital y la muerte, entra en conflicto y angustia existencial. Sin embargo, no enfrentarse a ellos significa vivir dormido.

Siguiendo la línea de Kierkegaard, Martín Heidegger desarrolla una “ontología fundamental”. Heidegger fue alumno de Husserl, el creador de la fenomenología.

Plantea que el ser humano -por ser consciente de sí mismo- está en situación de preguntarse acerca de su ser, de su existencia y con ello ser simultáneamente en relación con otros seres humanos y objetos del mundo. Este ser-en-el-mundo es “arrojado” a su existencia.

Otros existencialistas empiezan a surgir y a hacer su propios aportes. Por un lado, el existencialista francés Jean Paul Sartre, quien desde una postura atea enfatiza el sinsentido de la existencia y por otro lado el alemán Karl Jaspers quien se ubica dentro del existencialismo teísta junto con Gabriel Marcel.

Jaspers considera las “situaciones límite” que nos presenta la vida como la ocasión para el hombre de trascenderse.  Tanto para Jaspers como para Kierkegaard abrirse a la trascendencia implica “devenir lo que se es”, asumir la angustia de la propia condición del ser.

Por su lado, Martin Buber, destaca la filosofía del diálogo y plantea que la existencia auténtica sólo se logra en el “encuentro” con el otro, en el diálogo yo-tú.

Los analistas existenciales como Ludwig Binswanger, Medard Boss, E. Minkowsky, Roland Kuhn, Igor Caruso y el propio Frankl, investigaban y publicaban sin ser conocidos. Estos autores permanecieron ocultos para América hasta que el libro de Rollo May “Existencia” fue publicado en 1958.

Las corrientes filosóficas existencialistas y la fenomenología de Brentano y Husserl, se desarrollaron paralelas en el tiempo pero en forma independiente una de otra hasta que se cruzan en la figura de Heidegger.

Todos los autores existencialistas concuerdan en usar el método fenomenológico al abordar un tratamiento con un paciente. “Esto significa entrar en el mundo de su experiencia y escuchar los fenómenos que relata sin ningún presupuesto previo que distorsione la comprensión”. (Yalom,1984)

Es la tradición existencialista europea junto con algunas circustancias históricas, sociales y económicas como la depresión económica que vivía Estados Unidos, la migración de los intelectuales europeos perseguidos por el nazismo, entre otras, lo que da lugar al surgimiento de la Psicología Humanista en ese país.

Dicha migración significó una renovación cultural y humanista. Hubo un gran interés por la filosofía existencialista que los inmigrantes llevaban consigo.

Los escritos de Kierkegaard, Husserl, Heidegger,Buber, Jaspers y Sartre que planteaban una nueva visión del ser humano y de la vida fueron tan bien acogidas como las ideas de la filosofía oriental (Zen y Tao).

Muchos de los inmigrantes pertenecían también al mundo de la psiquiatría y de la psicología. Por un lado los representantes de la Escuela de Berlín de la psicología de la Gestalt: Max Wertheimer, Wolfgang Köhler, Kart Koffka y Kurt Lewin quienes emigraron juntos a los Estados Unidos.  Del campo del psicoanálisis los que se oponían al dogmatismo de Freud: Alfred Adler, Erich Fromm, Wilhelm Reich, Otto Rank, Fritz Perls, Ruth Cohn, Karen Horney, Frieda Fromm-Reichmann y Helene Deutsch. Y del área de la psiquiatría: Ludwig Binswanger y Medard Boss con su “análisis de la existencia” y la orientación organísmica de Kurt Goldstein que fueron menos comprendidos en América.

Tras esta revolución ideológica, se establece en 1950 una nueva escuela ideológica encabezada por Abraham Maslow a la que llamaron “psicología humanista”, pero no fue hasta 1961 que aparece públicamente con la aparición del Journal of Humanistic Psychology, y un año más tarde se funda la Asociación Americana de Psicología Humanista presidida por A. Maslow.

En 1963 James Bugental formula cinco principios básicos de la psicología humanista:
  1. “El hombre, sobrepasa la suma de sus partes (o sea, que el hombre no puede explicarse simplemente a partir del estudio científico de sus funciones parciales)
  2. El hombre es un ser dentro de un contexto humano (es decir, que el hombre no puede entenderse estudiando simplemente sus funciones parciales y dejando de lado su experiencia interpersonal)
  3. El hombre tiene una conciencia (y solo puede explicarse psicológicamente desde teorías que reconozcan el curso continuo de la autoconciencia humana, tomada por sus distintas capas).
  4. El hombre tiene una capacidad de elección (no es un espectador de su propia existencia, sino que crea sus propias experiencias).
  5. El hombre tiene una intencionalidad (tiende hacia el futuro, tiene un propósito, unos valores y un significado)” (Yalom,1984)


Similitudes y diferencias entre la psicoterapia existencial y la psicología humanista:

A pesar de que la psicoterapia existencial (a la que pertenece la Logoterapia) mantiene relaciones un tanto confusas con la psicología humanista, comparten muchos supuestos básicos y no son pocos los psicólogos humanistas que tienen una orientación existencial. Entre ellos Maslow, Perls, Bugental, Bühler y Rollo May. (Yalom,1984)

H. Quitman nos dice que la filosofía existencial y la fenomenología europeas constituyen el fundamento más importante para los conceptos de la psicología humanista.

Oscar Oro coincide al decir que los humanistas comparten con los existencialistas europeos varios supuestos básicos y tienen una orientación existencial. Comparten también el valorar lo que el ser humano posee de superior: la razón, la libertad, la autonomía, la creatividad, lo indeterminado.

Otro aspecto que tienen en común tiene que ver con el planteamiento de Kierkegaard: “la verdad existe para el individuo sólo en cuanto ésta se traduce en acción”.

“En América, la psicología existencialista ‘se ha unido con la nueva psicología de la tercera fuerza’, así la mayor parte de los expertos en este campo hablan de la psicología existencial-humanista.” Nos dice Giordani. Oscar Oro por su lado afirma que más que un auténtico vínculo filial entre la psicología humanista y la existencial, existe no más que un parentesco.

A pesar de tener un transfondo común, varios autores marcan una línea divisoria. Rollo May subraya particularmente la falta de un sentido de lo trágico en la existencia humana por parte de los americanos, “su represión del sentido ontológico, su huida de la conciencia de su propio ser”. (R.May,1978)

Otro aspecto  que omite la psicología humanista son los conceptos clave del existencialismo: la situación límite y la dimensión del sufrimiento.

Oro destaca una radical distinción entre la expansión del ser –concepto central en la psicología humanista- y el ser-en-el-mundo y la trascendencia de la filosofía existencial. Igualmente marca la diferencia entre el concepto de espiritualidad según unos y otros.

Afirma también que los psicólogos humanistas han ido “americanizando” el pensamiento existencial, adaptándolo a una visión empirista e individualista y no han integrado el pasado cultural europeo en su totalidad sino en forma muy parcializada, desligándolo de sus raíces filosóficas.

La teoría que Víktor Frankl desarrolla, al estar fundamentada sobre la tradición existencialista, toma en cuenta las limitaciones humanas y la dimensión trágica de la existencia. Es un gran optimista pero no basa ese optimismo en la negación u omisión de las limitaciones sino en la posibilidad de trascenderlas y de encontrar sentido, incluso en la tragedia. Intuye que el sufrimiento puede no ser en vano, puede abrir nuevas y profundas perspectivas en la persona y transformarse en un logro personal.

Frankl menciona el concepto central de su teoría –el sentido de la vida- desde muy temprano (1925), pero es en los campos de concentración donde lleva a la práctica su teoría. “Las auténticas facultades humanas de la autotrascendencia y el autodistanciamiento fueron verificados y convalidados en forma existencial en los campo de concentración. Este empirismo en su más amplio sentido de la palabra confirmó “la voluntad de sentido” y la autotrascendencia y sus efectos terapéuticos.

Parte de su persona, más aún, responde a través de su vivencia a la pregunta que, como psiquiatra, intenta responder: “¿Cómo puede uno despertar en un paciente el sentimiento de que tiene la responsabilidad de vivir por muy adversas que se presenten las circunstancias?” (Frankl,1989)

Gordon Allport –en el prefacio de “El hombre en busca de sentido”- pregunta: “¿Cómo pudo él –que todo lo había perdido, que había visto destruir todo lo que valía la pena, que padeció hambre, frío,brutalidades sin fin, que tantas veces estuvo a punto del exterminio-, cómo pudo aceptar la vida como digna de vivirla?”

Se podría afirmar que la psicología humanista va de más (el potencial humano) a más (la autorrealización) mientras que la logoterapia va de menos (limitación y sufrimiento) a más (logro personal, sentido).

Referencias Bibliográficas:
Frankl,V.E. El hombre en busca de sentido. Ed. Herder, Barcelona, 1989.
May,R. El dilema existencial del hombre moderno. Ed. Paidós, Buenos Aires, 1978
Yalom, I. Psicoterapia Existencial. Ed. Herder, Barcelona, 1984
Arocena Ponce de León, Marcela. Autorrealización y Trascendencia.





domingo, 9 de agosto de 2015

El Niño Viene a Terapia

¿Qué es lo que motiva a un padre para traer a un niño a terapia?

Muchos niños manifiestan tipos de conductas que indican que algo anda mal. Sin embargo, la mayoría de los padres vacilan antes de buscar ayuda. Creo que casi todos ellos preferirían no creer que su hijo tiene el tipo de problema que pudiera requerir ayuda profesional. Se dicen a sí mismos: "Es sólo una etapa; el chico la superará". ¿Quién quiere admitir que no ha sido el padre perfecto? Y para la mayoría, el costo de la terapia no es fácil de soslayar, sin considerar además el tiempo que involucra traer al niño a las sesiones. También hay un riesgo respecto a lo que podría surgir si se lleva al niño a un terapeuta. Algunos padres sienten secretamente que pueden ser ellos quienes necesitan ayuda, y este hecho no es encarado fácilmente.

A veces los padres traen a los niños a terapia porque algo fuera de lo común ha sucedido y quieren asegurarse de que el niño exprese y termine con cualquier sentimiento abrumador derivado del incidente. Ejemplos de tales sucesos pueden ser la muerte o enfermedad de un ser querido, abuso, vejación o una experiencia profundamente atemorizante como un accidente o un terremoto.
De vez en cuando es el niño quien directamente pide ver a alguien. Muchos adolescentes han iniciado ellos mismos la terapia. Algunos niños con los que he trabajado previamente, a veces solicitan ayuda.

Una chica de 9 años a quien yo había visto por cerca de tres meses de tratamiento continuado, de cuando en cuando dice a su madre: "Necesito que me consigas hora con Violet".

No es un asunto sencillo juzgar cuándo es el momento apropiado para traer a un niño a terapia. Con frecuencia es el niño mismo quien se encarga de que se haga algo —peleando con mayor ardor en alguna dirección hasta que alguien lo advierta. Las escuelas son a menudo las primeras en notarlo, y sin embargo, no recomendarán ayuda hasta que la situación sea grave.

Creo que otra gran razón por la que los padres titubean en buscar ayuda es que piensan en la terapia como un proceso continuo que involucra un largo período de tiempo, quizás años (comento esto más extensamente en la sección Término). Hay por cierto algunos niños que requieren tratamiento prolongado. En general, sin embargo, encuentro que muchos problemas pueden ser tratados en 3 a 6 meses de sesiones una vez por semana.

Antes de empezar a trabajar con un niño recibo a veces rumas de papeles referentes a él; resultados de tests, informes de diagnósticos, sumarios judiciales, informes escolares. Constituyen una lectura interesante, pero llegando al grano, sólo puedo manejar al niño con lo que él me presenta. Si confío en la información que me han dado sobre el niño para establecer mi base de trabajo con él, estaría tratando con lo que está escrito en un papel y no con el niño. Lo que está escrito en estos papeles es la percepción, hallazgos y a menudo juicios injustos de otra persona.

El niño está haciendo contacto con alguien que se halla dispuesto a aceptarlo tal como es en ese momento, sin una capa de prejuicios o juicios prematuros sobre él. Puede mostrar otro aspecto de sí mismo, quizás una faceta gentil y sensible, una parte suya que tal vez le cueste expresar ante sus padres y profesores.



Fuente: Ventanas a nuestros niños. Violet Oaklander. 

Sepa Cuando Buscar Ayuda para su Hijo/Hija

Recomendación antes de hacer lectura de esta nota:
Es importante aclarar, que son los papás, quienes tienen conocimiento del comportamiento regular e irregular de sus hijos/as. No hay un momento exacto o una conducta determinada, por la cual se pueda decidir si los hijos/as están pasando por algo complicado y sienten confusión, para lo que se deba buscar ayuda de profesionistas para orientarlos.
Siempre es buena la observación de los hijos/as para darnos cuenta si están siendo algo fuera de lo ‘acostumbrado’; además, es importante preguntarles constantemente cómo se sienten, si les está pasando algo.
Lo siguiente, es solo una muestra orientativa para ustedes, papás, para que acudan a nosotros, profesionistas, quienes estamos a su servicio. Cominíquense con un profesional, para obtener una ayuda extra para el bienestar de sus hijos/as.


Los padres son usualmente los primeros en reconocer cuándo un hijo/hija tiene un problema emocional o de comportamiento. Aun así, la decisión de buscar ayuda profesional puede ser difícil y dolorosa para el padre/madre. El primer paso es tratar de hablar tiernamente con el niño/niña. Una conversación sincera acerca de los sentimientos a veces puede ayudar. Los padres pueden escoger el consultar con el médico del niño/niña, maestros, miembros del clero, u otros adultos que conozcan bien al niño. Estos pasos pueden resolver los problemas para el niño/niña y la familia.
A continuación se describen algunas señales indicativas de que una evaluación por un siquiatra de niños y adolescentes puede ser de gran ayuda:

En niños/niñas pequeños/as:
  • Cambios negativos importantes en el rendimiento académico.
  • Malas calificaciones en la escuela, a pesar de hacer un esfuerzo notable.
  • Mucha preocupación o ansiedad excesiva, lo que puede manifestarse en su resistencia para asistir a la escuela, al acostarse a dormir o al participar en aquellas actividades normales para un niño/niña de su edad.
  • Hiperactividad, inquietud, movimiento constante más allá del juego regular.
  • Pesadillas persistentes.
  • Desobediencia o agresión persistente (de más de 6 meses) y conducta de oposición provocativa hacia las figuras de autoridad.
  • Rabietas frecuentes e inexplicables.

En pre-adolescentes y adolescentes:
  • Cambios marcados en el aprendizaje en la escuela.
  • Dificultad para enfrentarse a los problemas, situaciones o actividades diarias.
  • Cambios significativos en hábitos de dormir y/o alimenticios.
  • Frecuentes quejas físicas.
  • Representaciones sexuales.
  • Estado depresivo manifestado por un estado de ánimo y actitud persistentemente negativo, con frecuencia acompañado de apetito pobre, dificultad en el dormir e ideas relacionadas con la muerte.
  • Abuso de drogas o del alcohol.
  • Miedo intenso a tornarse obeso sin tomar en cuenta su verdadero peso al presente, purgar los alimentos o restringir el comer.
  • Pesadillas persistentes.
  • Amenazas de hacerse daño a sí mismo o hacerle daño a otros.
  • Comportamiento de inflingirse heridas o autodestructivo.
  • Arranques frecuentes de ira y agresión.
  • Amenazas de irse del hogar.
  • Violación persistente de los derechos de otras personas de forma agresiva o no agresiva; reto a la autoridad, ausencia a escuela, robos o vandalismo.
  • Pensamientos, creencias y sentimientos extraños o comportamiento poco usual.

Si los problemas persisten por un período de tiempo extensivo y especialmente si otros involucrados en la vida del niño/niña están preocupados, una consulta con un Siquiatra de Niños y Adolescentes o con otros clínicos específicamente entrenados para trabajar con niños/niñas puede ser de ayuda.

lunes, 27 de julio de 2015

Comprender la maternidad y paternidad ajenas

Es fácil criticar y juzgar la maternidad y paternidad ajenas. Los que están afuera, pueden observar más ‘objetivamente los pequeños errores’ que se cometen. Los que están adentro, no pueden ver tan fácilmente las problemáticas que surgen.

Las observaciones ajenas, son solo una apariencia de lo que no se logra saber. Nadie nace siendo papá o mamá, y el instinto maternal o paternal también es algo que se desarrolla con tiempo en el individuo. Ser papá o mamá, requiere de una decisión consciente y responsable de lo que significa y de lo que se será al tener hijos. Tampoco nos enseñan a tomar esta decisión.

Conforme avanzamos en la vida, comenzamos a plantearnos la posibilidad de serlo y vivirlo. Hay veces que ni siquiera lo pensamos, pues cuando nos percatamos que ya nos hemos subido al barco y no tendremos la oportunidad de ‘planearlo correctamente’, por lo que tomaremos decisiones apresuradas y sin reflexionar, donde simplemente las opciones se reducen en permanecer en el barco o buscar el primer puerto para salir corriendo. Entonces nuestra decisión sobre la paternidad y la maternidad, lo realizamos sobre la marcha.

Cuando veo a los papás, me gusta decirles “que ellos son los que saben más de sus hijos”, que yo les doy esos empujones que requieren para poder observarlos, que tomo notas de ellos para verificarlo en sus hijos, y así, poderles regresar sus observaciones y con unas cuantas más de mi parte. Ese es mi trabajo como psicoterapeuta: ponerme en el lugar del niño/a como del papá o la mamá, poderlos comprender desde donde están observando, poder empatizar con ellos para así, hacer un buen trabajo. Es un trabajo en conjunto, sin prejuicios y sin detracciones.

Comentarios como: “ese niño necesita una mano dura”, “esa niña ya le agarró la medida a sus papás”, “es evidente que necesita disciplina”, “seguro está enojado porque no le hacen caso”, “es reflejo de lo que vive en casa”. Existen un montón de etiquetas que les damos tanto a los niños como a los papás. Los agentes externos, pareciera que son los expertos en la crianza de los niños. Para este escrito, me quiero referir a aquellos que no han tenido aún la oportunidad de vivir la experiencia de ser papá o mamá.

Existe un motivo, por el cual hoy defiendo a los papás que no ven con claridad las problemáticas de sus hijos y, que en ocasiones, los expertos en salud mental (psicólogos, psicoterapeutas, psiquiatras, pedagógos), juzgan con premura antes de observar el total contexto en el que se viven estas circunstancias.


Las personas ajenas a la maternidad o paternidad, pueden dar opiniones, más no expresar críticas hacia una situación que no han experimentado. Es cierto, que en ocasiones, se experimenta en cabeza ajena, que dos mentes piensan mejor que una, que a través de la mirada del otro te ayuda a ver lo que sucede. Pero otras veces, no se puede opinar sobre algo que no se ha vivido en carne propia y es mejor comprender que dar una opinión y no desear aconsejar en algo que se desconoce.

Los que observan por fuera, antes de juzgar, deberían tomar una buena actitud compasiva, reflexionar y preguntarse: ¿yo haría lo mismo o en qué sería diferente, si yo estuviera en esa situación? A lo cual, no existe una respuesta ‘correcta’.

Los que son papás y mamás, hacen lo que están en sus posibilidades, en sus capacidades y lo que tienen a su alcance. Los que son papás y mamás, ya saben que es la soltería, pero los solteros/as no saben aún qué es ser papá o mamá y llegará el día (si es que lo desean y planean) en que sepan de qué trata. Esto también es para aquellos profesionales de la salud, que por su empeño en ayudar y sin tener esta experiencia en su vida personal, les es fácil brindar una opinión equívoca de lo que deberían hacer los papás y mamás que acuden a ellos para una ayuda y apoyo profesionales.

Ser papá o mamá, es una experiencia compleja, donde existen grandes retribuciones y también grandes complicaciones. Pues al serlo, dejas de lado el solo pensar en tu persona para convertirte en alguien que verá por el bienestar de un ser que apenas empieza a conocer el mundo. Tener un hijo/a, es un acto de gran responsabilidad, pues debes estar bien individualmente para poder transmitir y guiar lo mejor que tienes a tu hijo/a.

Hay una gran importancia en vivir la experiencia. Y aquellos que no han estado en esas situaciones, deberían abstenerse de apabullar con críticas, porque el día de mañana que sean papás o mamás, estarán del lado que criticaron alguna vez, y entonces, no aceptarán las críticas que les hagan al respecto de su desempeño como papás o mamás.


No se puede criticar lo que no se conoce. Pero sí se puede extender una sincera y humilde comprensión hacia aquellos que ya están viviendo esa situación, absteniéndonos de consejos que no podemos dar. Debemos recordar, que el trabajo terapéutico, trata más que nada en acompañar a quien acude a nosotros, para poder ayudarlo y apoyarlo desde sus capacidades. 




jueves, 16 de julio de 2015

Desarrollo en la Niñez Media

Epistemología Genética, por Jean Piaget

 Etapa 3: Operaciones Concretas

Las operaciones concretas se consolidan entre los 6-7 años y entre los 11 – 12 años. En esta etapa evoluciona la inteligencia representativa.
El paso del pensamiento intuitivo al operatorio supera el carácter cambiante, inestable y subjetivo del pensamiento pre – operatorio en el sentido de una mayor estabilidad, coherencia y movilidad. El pensamiento se vuelve verdaderamente lógico.
Según Piaget existe una continuidad funcional: la inteligencia sigue siendo una marcha progresiva hacia una mayor adaptación, en la que la asimilación y la acomodación juegan un papel primordial en el intercambio entre el sujeto y el entorno.
La intuición es una acción interiorizada. Progresivamente las acciones interiorizadas que permanecían aisladas en la etapa anterior se integran en sistemas de acciones, en el sentido de que una acción puede compensar o anular a otra anteriormente ejecutada.
Esta propiedad de poder integrarse en un sistema concede al pensamiento operatorio un equilibrio que está ausente en el pensamiento intuitivo, el cual se caracteriza por un equilibrio inestable.
Una vez desarrollados los principales  esquemas sensomotores y elaborada ya, a partir de un año y medio a 2 años, la función semiótica, podría esperarse que está bastara para permitir una interiorización directa y rápida de las acciones en operaciones.
La constitución del objeto permanente y a del grupo práctico de los desplazamientos prefiguran la reversibilidad y las convenciones operatorias que parecen anunciar la próxima formación.
El niño ya aprendió a realizar acciones físicas enfocadas a resolver problemas físicos.
  
Descentración (indispensable para la operación):
Física. Inicialmente (entre objetos), tiene que manipular los objetos para dirigir sus acciones a los diferentes problemas que se le presentan.
Cognitivamente. Ahora el niño empieza a diferenciar representaciones entre ellas y el objeto. Que el otro piense diferente al niño, sus propios deseos. Se construye el engaño con las suposiciones de un sujeto con respecto al otro,  de lo que piensa o siente.
Socialmente. Es capaz de establecer relaciones interpersonales, intercambio con el otro. Puede predecir la conducta del otro (que el otro te entienda). Para poderme relaciona con alguien, debo suponer que él comparte también mi mundo representacional. Las personas  son entes, separados de los objetos, análogos a él pero diferentes.

No todas las representaciones entre él mismo y los demás como sujetos, en cuanto a sus características extrínsecas (más allá de las características físicas, para qué sirven). Por ejemplo, como se relaciona entre ellos, lugar en la familia.
Tiene que llevar las características que ya sabía de los objetos. Al juntar los 3 elementos anteriores, establece la diferenciación. La descentración es un elemento clave para el paso de las operaciones concretas.
Operación concreta: el niño es capaz de hacer una serie de operaciones; sin embargo, todavía no puede realizar  hipótesis, no hay interpretación. Necesariamente para comprobar esas hipótesis tiene que realizar en lo físico, observable.  Es capaz de hacer una serie de combinaciones (de lo que sabe de los objetos), pero para resolver dicho problema, lo tiene que hacer físicamente. Es capaz de dar soluciones a nivel mental pero lo tiene que llevar a cabo.
El niño ya debe de tener indicios de descentración cognitiva y social. Son operaciones dirigidas a los objetos del mundo físico, ya hay combinaciones mentales pero la comprobación del fenómeno, tiene que ser física.


Etapa de Operaciones Concretas
(5/7 – 12 años).
Los procesos de razonamiento se vuelen lógicos y pueden aplicarse a problemas concretos o reales. En el aspecto social, el niño ahora se convierte en un ser verdaderamente social y en esta etapa aparecen los esquemas lógicos de seriación, ordenamiento mental de conjuntos y clasificación de los conceptos de casualidad, espacio, tiempo y velocidad.
  


Teoría Psicosocial, por Erik Erikson.

Estadío: Industria versus Inferioridad-Competencia

Competencia y Productividad Versus Inercia y Formalismo
Edad escolar – Latencia: 5 – 6 a 11 – 13 años.

 Desde los seis años hasta la pubertad, los niños comienzan a desarrollar una sensación de orgullo en sus logros. Inician proyectos, los siguen hasta terminarlos, y se sienten bien por lo que han alcanzado. Durante este tiempo, los profesores desempeñan un papel creciente en el desarrollo del niño.
En el período de latencia disminuyen los intereses por la sexualidad personal y social, acentuándose los intereses por el grupo del mismo sexo. La niñez desarrolla el sentido de la industria, para el aprendizaje cognitivo, para la iniciación científica y tecnológica; para la formación del futuro profesional, la productividad y la creatividad. En ella es capaz de acoger instrucciones sistemáticas de los adultos en la familia, en la escuela y en la sociedad; tiene condiciones para observar los ritos, normas, leyes, sistematizaciones y organizaciones para realizar y dividir tareas, responsabilidades y compromisos. Es el inicio de la edad escolar y el aprendizaje sistemático. Es función de los padres y de los profesores ayudar a que los niños se desarrollen sus competencias con perfección y fidelidad, con autonomía, libertad y creatividad. La fuerza dialéctica es el sentimiento de inadecuación o de inferioridad existencial, sentimiento de incapacidad en el aprendizaje cognitivo, comportamental y productividad. De la resolución de esta crisis nace la competencia personal y profesional para la iniciación científica-tecnológica y la futura identidad profesional, expresada en la frase: “Yo soy el que puedo aprender para realizar un trabajo”. El aprendizaje y el ejercicio de estas habilidades y el ejercicio del ethos tecnológico de la cultura desarrollan en el niño el sentimiento de capacitación, competencia y de participación en el proceso productivo de la sociedad, anticipando el perfil de futuro profesional. Cuando el niño ejecuta estas habilidades exclusivamente por el valor de la formalidad técnica, sacrificando el sentido lúdico y la fuerza de la imaginación, puede desarrollar una actitud formalista en relación a las actividades profesionales, volviéndose esclavo de los procesos tecnológicos y burocráticos. Aquello que debería ser un momento de placer y de alegría, unido al sentimiento de realización personal e integración social, acaba siendo un proceso desintegrante y formalista.


Laboriosidad vs. inferioridad
(de los 6 años a la pubertad)
Aprende el valor del trabajo, adquiere las habilidades y las herramientas de tecnología. La competencia ayuda a ordenar las cosas y a hacer las funcionar.
La frustración repetida y el fracaso conducen a una sensación de no adecuación y de inferioridad que afecta a la visión de la vida.