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martes, 26 de enero de 2016

¿Cómo enseñarle a tu hijo a valorar las cosas?

¿Cómo enseñarle a tu hijo a valorar las cosas?

1.- En vez de darle todo lo que pida enséñale que, muchas veces, para obtener algo, se necesita esfuerzo, paciencia y constancia.
Pídele que te acompañe a comprar sus cosas, explícale que todo tiene un costo y lo que sus padres deben hacer para adquirirlas.

2.- Enséñale tareas en las que tenga que esforzarse y desarrolle tolerancia a la frustración.
Si pierde algo por descuido haz que se esfuerce por encontrarlo. Si no lo logra, no hagas fácil la reposición, pídele parte de sus ahorros o que haga un esfuerzo extra.

3.- Evita hacer todo por él y deja que haga cosas por su cuenta, aunque tarde en aprender.
Si maltrata algo y lo deteriora o descompone deja que experimente las consecuencias, al menos momentáneamente.

4.- Evita compensar errores p falta de tiempo para convivir con él a través de regalos materiales.
Pídele que te ayude a ordenar sus cosas; esto ayudará a que las mantenga en buen estado y a entender la importancia de ello.

5.- No siempre le ofrezcas premios materiales; recompénsalo con alguna actividad que disfrute de manera especial o algo con valor simbólico.
Cuando lo premies pregúntale porqué cree que merece dicho premio y dale retroalimentación sobre las conductas que puede mejorar esforzándose.




Algunas actividades que pueden realizar los/as niños/as, correspondiente a su edad:





¿Cómo establecer límites sin lastimar a mi hijo?

¿Cómo establecer límites sin lastimar a mi hijo?

1.- Pon reglas claras, justas y acordes con su edad.
Toma en cuenta su personalidad y no lo compares con otros niños.

2.- Explícale bien lo que quieres que haga.
Permítele expresar sus emociones (tanto positivas como negativas).

3.- Se coherente: no le pidas que deje de hacer cosas que tú haces.
Anúnciale y cumple las consecuencias de manera inmediata. Usa un tono de voz firma, pero evita gritar.

4.- Reconoce su esfuerzo y fomenta sus conductas positivas.
Evita explicaciones largas que deje de escuchar; se claro y conciso. Da instrucciones positivas y evita las negativas.

5.- Cuando le pidas que no haga algo, dale opciones.

Hay situaciones en las que se puede negociar y otras en las que no; es importante reconocerlas.



Algunas actividades que pueden realizar los/as niños/as, correspondiente a su edad:



lunes, 18 de enero de 2016

Indicadores para la búsqueda de alternativas y Situaciones modificables


La posibilidad de elegir entre diversas alternativas, constituye la segunda área en la que se puede encontrar el sentido. Siempre está uno escogiendo entre varias, aunque esto no sea de manera consciente. Una situación en la que no se vislumbran alternativas, en donde se siente uno atrapado, parecerá carente de significado. Pero en cuanto se descubre que sí hay alternativas, deja uno de sentirse víctima indefensa de las circunstancias y está en capacidad de hallar el sentido.

Es necesario distinguir entre situaciones que uno puede cambiar y aquellas que no y que deben ser aceptadas. Como una regla práctica, si a usted no le gusta una situación que puede modificarse, “el sentido del momento”  es cambiarla. Aun en una situación que no puede ser cambiada, puede usted tomar si actitud hacia ella. Aldous Huxley pregonaba que “la facultad de escoger es siempre nuestra”. Esto es cierto también en cuanto a la elección de nuestra actitud.

 No es siempre fácil distinguir entre lo que puede y no puede cambiarse. La naturaleza fatal de una situación que deriva de la muerte, o de una enfermedad incurable, del divorcio o de la jubilación, es obvia. ¿Puede modificarse una situación de tipo familiar o de trabajo, o tiene uno que aceptarla? A veces un diálogo socrático ayuda a encontrar respuesta a circunstancias como ésas.

El logoterapeuta japonés, doctor Hiroshi Takashima, distingue enfermedades y situaciones que pueden resolverse de aquellas con las que se tiene que aprender a convivir. Una postura manejable es como una serpiente venenosa que está encerrada junto a usted en una jaula. El sentido se encuentra en el acto de matar a la serpiente. Una situación de la que no se puede uno librar, es como estar encerrado con un buey sano y robusto. El sentido se encuentra en que hay que aprender a convivir con él.


Situaciones modificables.

Actualmente, en nuestra opulenta y permisiva sociedad existen más alternativas de las que estaban al alcance de cualquier generación anterior. Puede uno escoger su especialidad en la Universidad, su carrera, su pareja, su estilo de vida. Simultáneamente, el sentido cambia durante el trascurso de la vida. Lo que parecía tener sentido a los 18 años, puede no tenerlo a los 40 ó 45. Persistir en una situación a la que ya no se le encuentra sentido, puede determinar frustración, neurosis, depresión, alguna enfermedad psicosomática, una adicción o tendencias suicidas y en muchas de esas situaciones continuará habiendo oportunidades de cambio.

El primer paso hacia la salud mental, es estar consciente de que se tienen alternativas. El segundo es determinar cuál es la que tiene más sentido para el individuo en esa etapa específica de su vida.

La manera más directa de adquirir conciencia de que hay alternativas para una persona, es que confeccione una lista de sus opciones; a partir de ella puede seleccionar cuál es la que tiene más sentido para ella.

El individuo empieza por descubrir, en una o dos frases, dónde se siente “entrampado”. Luego formula una lista con las posibles soluciones a su problema. Incluirá también aquellas opciones que a primera vista parezcan poco prácticas, y aun las que juzgue ridículas. Posteriormente, enlistará las consecuencias positivas y negativas de cada alternativa, así como sus ventajas y desventajas. La lista le demostrará que no está atrapado y el humor por lo ridículo de algunas opciones planteadas puede tener valor terapéutico.




Fuente: J. B. Fabry, ‘Señales del camino hacia el sentido’. 

viernes, 15 de enero de 2016

Video: Detector de mentiras para niños





No se puede hablar de "niños/as mentirosos/as", hasta pasados los 8-9 años. Antes de esta edad, se les nombra 'pseudomentiras', y lo que más juega en la comunicación del niño/a, es la percepción de las cosas en el mundo. Ellos no cuentan aún con el discernimiento adecuado para 'mentir'; mientras que a los adultos nos puede 'sonar como mentiras', es gracias a nuestro ya avanzado desarrollo. 

De una parte, la verdad reposa esencialmente sobre una noción de contrato social: es verdadero lo que está socialmente admitido, de otra parte, la percepción de lo real depende de la personalidad de cada uno. Por eso, tratándose de los niños, los psicólogos hablarán de pseudomentiras, ya que para que exista una auténtica mentira, es decir, para que el autor lo haga con pleno conocimiento de causa, es necesario un desarrollo psicológico que el niño es a menudo incapaz de obtener antes de los ocho o nueve años. -Gérard Broyer-.

martes, 15 de diciembre de 2015

Excusas (-ante la responsabilidad-).

Excusas (-ante la responsabilidad-).

La nuestra es una sociedad permisiva. Se ha puesto de moda culpar al pasado, al medio ambiente y a debilidades genéticas y psicológicas, por cualquier falla o conducta equivocada. Un estudiante violento es disculpado en nombre de las condiciones desordenadas de su hogar; un alcohólico por su estructura genética, y un golpeador de su esposa por su carácter agresivo. Ciertamente, el pasado no puede cambiarse, ni genes, ni tendencias. Pero se puede controlar la forma como vive uno dentro de esas condiciones. El estudiante violento debe darse cuenta de que su responsabilidad no repetir la actitud de “todos contra todos” de sus padres, en sus relaciones con los que lo rodean. El alcohólico debe ver que su responsabilidad es no tomar esa primera bebida, que desatará su respuesta genética al alcohol. El golpeador de su mujer debe comprender que si bien no es responsable de sus impulsos agresivos, sí es de lo que hace con tales impulsos.



Cuando el espíritu no está bloqueado, cuando los recursos del espíritu están al menos ligeramente accesibles, el individuo se encuentra en capacidad de ejercitar su voluntad de sentido a través de una selección responsable de alternativas. Nuestra sociedad ha ido muy lejos en el sentido de disculpar la irresponsabilidad, especialmente dentro de la familia. Los padres son responsables por los hijos pequeños; los hijos mayores por los padres ancianos; las parejas, el uno del otro.



Muchas personas culpan a “los errores de los padres” de su propia infelicidad y mal comportamiento. Elisabeth Lúkas habla del complejo de los “malos padres”, que justifica a muchos adultos no asumir su responsabilidad ante sus dificultades. Escribe: “Se culpa a los padres por haber sido sumamente estrictos, demasiado autoritarios, muy indiferentes, bastante insoportables, excesivamente protectores, extremadamente exigentes o democráticos, o inseguros, o exageradamente inconscientes”. Difícilmente puede encontrarse comportamiento paterno que no puede ser utilizado como excusa. Cuando los hijos empiezan a culpar a sus padres, parecen sentirse relevados de una responsabilidad que en realidad es de ellos mismos.




Fuente: Joseph B. Fabry. “Señales del camino hacia el sentido”. Ediciones LAG. 

martes, 8 de diciembre de 2015

Nuestro hogar es el camino

Un mensaje de Navidad de Thầy (Thích Nhất Hạnh)


La temporada navideña es la época para estar con la familia, cuando, donde sea que nos encontremos, tratamos de buscar un camino de vuelta a casa para estar con nuestros seres queridos. Muchos de nosotros decoramos nuestra casa y buscamos maneras de hacer de nuestro hogar un lugar cálido y acogedor. Todos anhelamos tener un lugar que sea seguro y amoroso, donde sintamos que no tenemos que ir a ningún otro lado, ni buscar nada más. Ese lugar lo podemos llamar nuestro “verdadero hogar”. Todos tenemos este anhelo, este profundo deseo de estar en nuestro verdadero hogar.


Buscando nuestro hogar
Jesús, tan pronto como nació, se vio en la necesidad de estar huyendo y fue un refugiado, un fugitivo sin hogar. Cuando creció y se volvió un hombre joven, sucedió lo mismo; era un errático sin un hogar real a donde regresar. En uno de sus discursos, él dijo que incluso los pájaros tienen sus propios nidos a donde regresar, y los conejos y las ardillas tienen sus madrigueras, pero que el Hijo del Hombre no tenía un lugar en donde reposar su cabeza, un lugar al que pudiera llamar hogar.

El Príncipe Siddharta, como adulto, pero antes de convertirse en Buda, se encontró en una situación similar. Había nacido en una familia real que era privilegiada y adinerada. Él podía tener todo lo que quisiera en el mundo material. Tenía una bella esposa y un buen hijo. Tenía un futuro brillante por delante, destinado a volverse rey y gobernante de un gran imperio. Pero aun así, él no se sentía cómodo incluso teniendo todo esto. Él no se sentía como en casa. Él no estaba en paz. Por ello, un día decidió dejar a su familia en busca de su verdadero hogar, la paz interior.

Tanto Jesús como Siddharta estaban en búsqueda de su verdadero hogar. Ellos querían encontrar una morada cálida donde no tuvieran que buscar nada más, y donde se sintieran verdaderamente en paz y en casa. Los occidentales tienen un dicho: “No hay nada como el hogar”, que expresa el sentimiento de que no hay nada como regresar a casa después de haber estado lejos. Pero aun así, muchos de nosotros no nos sentimos en casa, no sentimos que tenemos un lugar a donde regresar, incluso estando con nuestras propias familias. Eso se debe a que en nuestras familias puede no haber suficiente calidez, suficiente amor, tranquilidad, paz o felicidad.

Algunos de nosotros vivimos en el país donde nacimos, pero aun así queremos escapar e ir a otro lado. Sentimos que no tenemos un lugar de origen. Algunos judíos sienten que todavía no tienen una patria. Han estado errantes y buscando por miles de años un lugar, un pedazo de tierra, al que puedan llamar hogar. Y nosotros –los occidentales- todos tenemos un país al que podemos llamar nuestra tierra natal, pero incluso así, algunos no estamos contentos y queremos dejarlo. Esto se debe a que no hemos encontrado nuestro verdadero hogar en nuestro corazón. En esta temporada navideña, aun si compramos un árbol de Navidad y decoramos nuestro hogar, no significa necesariamente que hemos encontrado nuestro verdadero hogar, o que estamos en paz viviendo en nuestro país de origen. Para que nuestro hogar sea verdadero, necesita haber seguridad, satisfacción, calidez y amor.


Nuestro verdadero hogar
Al final, Jesús encontró su verdadero hogar en su corazón. Él encontró la luz en su corazón y reveló a sus discípulos cómo ellos también tenían su propia luz, y les enseñó a mostrarla para que también pudieran verla los demás. Siddharta enseñó que el verdadero hogar de uno se encuentra en el momento presente. Enseñó que cada uno de nosotros tenemos una isla interior donde podemos estar sanos y salvos. Si sabemos cómo regresar a esta isla, podemos entrar en contacto con nuestros ancestros de sangre y espirituales, con las maravillas del mundo, y con nuestro propio ser. En la isla de nuestro verdadero ser, podemos encontrar paz y plenitud.

Siddharta encontró su verdadero hogar y se transformó en Buda. Él quiso que todo mundo fuera capaz de encontrarlo. Cuando Buda cumplió 80 años, sabía que pronto dejaría esta vida, y sintió mucha compasión por sus discípulos y amigos, porque vio que muchos de ellos no habían encontrado aún su verdadero hogar. Él sabía que cuando llegara el momento de que su maestro muriera, ellos se sentirían perdidos y abandonados. En ese tiempo, se encontraba practicando el retiro de la temporada de lluvias, a las afueras de la ciudad de Vaishali, al norte del río Ganges. Durante esa temporada se enfermó bastante. El Venerable Ananda, el ayudante de Buda, pensó que su maestro moriría pronto, por lo que fue al bosque a esconderse detrás de unos árboles para llorar. Pero Buda utilizó sus poderes de concentración para desacelerar el progreso de su enfermedad y para encontrar fuerzas para vivir unas semanas más, de forma que pudiera regresar a su tierra natal, Kapilavastu, y morir ahí en paz.


La Isla Interior
Al terminar el retiro de la temporada de lluvias, Buda fue a la ciudad de Vaishali a visitar a sus discípulos, los monjes, monjas y amigos laicos de la Sangha. A donde fuera que iba, daba una charla de Dharma de pocos minutos. Estas pláticas cortas se centraban comúnmente en el tema “nuestro verdadero hogar”. El sentía que después de su muerte, habría muchos discípulos que se sentirían perdidos, por lo que Buda les enseñó que todos ellos tenían un lugar de refugio al cual regresar, y que deberían refugiarse sólo ahí.

Nosotros también deberíamos aprender a regresar y refugiarnos en esa morada, en vez de tomar refugio en otras personas o cosas. Ese lugar de refugio es la “Isla del Ser”; es el Dharma. Ahí, uno puede encontrar paz y protección y encontrarse con sus ancestros y sus raíces. Ese es nuestro verdadero hogar –nuestra isla interior donde está la luz del Dharma verdadero. Al regresar allí, uno encuentra luz, uno encuentra paz y seguridad, y uno está protegido de la obscuridad. La “Isla del Ser” es un lugar de refugio seguro de las olas turbulentas que, de otra forma, arrasarían con nosotros. Tomar refugio en nuestra isla interior es una práctica muy importante.

En Plum Village tenemos una canción que se llama: “Siendo una isla para uno mismo”[1]. Esta canción es sobre la práctica de tomar refugio en uno mismo. Si aún sentimos que no hemos encontrado nuestro verdadero hogar, que no tenemos un lugar al cual podemos llamar hogar, que todavía no hemos llegado a él y que queremos buscar un lugar de origen, sintiéndonos solos o perdidos, entonces esta práctica es para nosotros. Esta canción nos puede ayudar a regresar y tomar refugio en nuestra isla interior.


Nuestro refugio de práctica
Alrededor del siglo IV o V, cuando estas pláticas fueron traducidas al chino, los monjes tradujeron la “Isla del Ser” como ‘tự châu’ (‘tự significa ser y châu’ significa isla). “Queridos monjes, practiquen siendo ustedes una isla, sabiendo cómo tomar refugio en ustedes mismos”. Esas fueron las palabras que Buda pronunció un mes antes de morir. Si consideramos que somos almas gemelas de Buda, que somos sus verdaderos estudiantes, debemos tomar su consejo y dejar de buscar un lugar de origen en el espacio y en el tiempo. Debemos buscar este verdadero hogar dentro de nuestro propio ser, dentro de nuestro propio corazón; ahí es donde está todo lo que estamos buscando. Ahí podemos tocar a nuestros ancestros, de sangre y espirituales, y tocar nuestras raíces, nuestra herencia. Ahí podemos encontrar paz y estabilidad. Ahí podemos encontrar la luz de la sabiduría. Permitámonos tomar refugio en nuestra propia isla –en la isla del Dharma. No tomamos refugio en ninguna otra persona, ni siquiera en Thầy.

El amor de Buda es inmenso. Él sabía que habría muchos estudiantes que se sentirían perdidos cuando él ya no estuviera, por lo que les recordó que su cuerpo no era algo permanente ni eterno. Él les enseñó que el lugar más valioso en el cual podían tomar refugio, era su propia isla interior. Nosotros sabemos que siempre está ahí para nosotros. No tenemos que tomar un avión, un autobús o un tren para llegar allí. Con nuestra respiración consciente y con nuestros pasos conscientes, podemos llegar de inmediato. Nuestra isla interior es nuestro verdadero refugio. Es nuestra práctica del Dharma.

Esta Navidad, si compras y traes a casa un árbol de Navidad para decorar, recuerda que tu “Verdadero Hogar” no se encuentra fuera de ti, sino que está justo en tu propio corazón. No tenemos que traer nada a nuestra casa para sentirnos satisfechos. Todo lo que necesitamos está en nuestro corazón. No necesitamos practicar por muchos años o viajar lejos para llegar a nuestro verdadero hogar. Si sabemos cómo generar la energía de la plena conciencia y la concentración, entonces, con cada respiración, con cada paso, llegamos a nuestro verdadero hogar. Nuestro verdadero hogar no es un lugar separado de nosotros por el espacio y el tiempo. No es algo que podamos comprar. Nuestro verdadero hogar está justo en el aquí y en el ahora; sólo necesitamos saber cómo regresar a él y estar verdaderamente presentes.



El hogar en el momento presente
Cuando estaba reflexionando sobre qué mensaje enviar a mis amigos y estudiantes foráneos para que pudieran practicar, de forma que pudieran ser como Jesús o como Buda, realicé una caligrafía que dice:  “No hay camino al hogar, nuestro hogar es el camino.”

En la práctica de Plum Village, los medios y los fines no son dos cosas separadas. No hay camino de vuelta al hogar, nuestro hogar es el camino. Una vez que damos un paso en el camino a casa, en ese instante estamos ahí. Tampoco hay camino a la felicidad, la felicidad es el camino. De igual forma, no hay camino hacia el Nirvana, el Nirvana es el camino. Cada respiración y cada paso tienen la capacidad de traernos de vuelta a nuestro verdadero hogar, justo aquí y ahora. Ésta es la práctica fundamental de Plum Village. Éste es el mensaje que Thầy quiere enviar a sus estudiantes durante la temporada navideña. Si quieres enviar una tarjeta de felicitación a tus amigos y seres queridos, también puedes enviarles este mensaje. Si puedes practicarlo verdaderamente, entonces el enviarlo tendrá un significado profundo; pero si no quieres practicarlo, el mensaje tendrá muy poca sustancia.
Disfrutemos de nuestra práctica de volver a casa en esta temporada navideña. Permitámonos estar verdaderamente en nuestro hogar interior y, así, volvernos un hogar para nuestros seres queridos y nuestros amigos.

Con confianza y amor, Thầy





[1] Breathing in I go back to the island within myself. There are beautiful trees within the island. There are clear streams of water. There are birds, sunshine, and fresh air. Breathing out I feel safe. I enjoy going back to my island.

lunes, 23 de noviembre de 2015

Las Formas Internas

La gatha de «Cómo conocer la mejor forma de vivir solo» se inicia con la estrofa: «No persigáis el pasado». «Perseguir el pasado» significa lamentar lo que ya ha ocurrido en el pasado. Lamentamos haber perdido las bellas cosas del pasado de las que ya no disfrutamos en el presente. El Buda comenta esta estrofa diciendo: «Cuando alguien piensa en cómo era su cuerpo en el pasado, en qué sentía en el pasado, en las percepciones que tenía en el pasado, en cómo eran sus factores mentales en el pasado, y en cómo era su conciencia en el pasado; cuando piensa en todo eso y su mente se apega a esas cosas del pasado y se deja esclavizar por ellas, esa persona está persiguiendo el pasado».

El Buda nos enseñó que no hemos de perseguir el pasado porque «el pasado ha dejado de ser». Cuando nos perdemos en pensamientos sobre el pasado, nos estamos perdiendo el presente. La vida sólo existe en el momento presente. Perdernos el presente es perdernos la vida. El Buda nos lo explicó con una gran claridad: hemos de despedirnos del pasado para regresar al presente. Regresar al presente es estar en contacto con la vida.

¿Qué dinámica de nuestra conciencia es la que nos impulsa a volver al pasado y a vivir con las imágenes que rememoramos de él? Las fuerzas de las que se compone están construidas por las formaciones internas (en sánscrito, samyójana), los factores mentales que surgen en nosotros y que nos atan al pasado. Las cosas que vemos, oímos, olemos, saboreamos, tocamos, imaginamos o pensamos pueden también generar en nosotros formaciones internas: como el deseo, la irritación, la ira, la confusión, el miedo, la ansiedad, la desconfianza y otras emociones parecidas. Las formaciones internas están presentes en el fondo de la conciencia de cada uno de nosotros.

Las formaciones internas influyen en nuestra conciencia y en nuestra conducta diaria. Nos hacen pensar, decir y hacer cosas de las que ni siquiera somos conscientes. Como nos impulsan a actuar así, se llaman también ataduras, porque nos obligan a actuar de determinadas maneras.

En los comentarios se suelen mencionar nueve clases de formaciones internas: el deseo, el odio, la arrogancia, la ignorancia, las ideas falsas, el apego, la duda, la envidia y el egoísmo. La ignorancia, la falta de claridad mental, es la formación interna principal. Es el material burdo del que están hechas las otras formaciones internas. Aunque haya nueve, como el «deseo» normalmente se cita en primer lugar, suele utilizarse para representar a todas las formaciones internas. En el Kaccana-Bhaddekaratta el monje Kaccana explica:

Amigos míos, ¿qué significa el pasado? Morar en el pasado significa alguien que piensa: «En el pasado mis ojos eran de esta manera y la forma (con la que mis ojos estaban en contacto), de aquella otra» y, al pensar así, es presa del deseo. Y al ser presa de él, experimenta un anhelo. Y esta sensación le hace permanecer en el pasado.

El comentario de Kaccana podría hacernos pensar que la única formación interna que nos ata al pasado es el deseo. Pero cuando Kaccana se refiere al «deseo» lo está usando para representar a todas las formaciones internas: el odio, la duda, la envidia y las restantes. Todas ellas nos atan y nos mantienen sujetos al pasado.


A veces el simple hecho de oír el nombre de alguien que se portó mal con nosotros hace que nuestras formaciones internas de aquella época nos lleven automáticamente al pasado y que revivamos el sufrimiento padecido. El pasado es el hogar tanto de los recuerdos dolorosos como de los recuerdos felices. Dejarse absorber por el pasado es estar muerto al momento presente. No resulta fácil desprendernos del pasado y volver a vivir en el momento presente. Cuando intentemos hacerlo, hemos de resistirnos a la fuerza de las formaciones internas que hay en nosotros. Hemos de aprender a transformarlas, para tener la libertad de poder estar atentos al momento presente.



Fuente: Thich Nhat Hanh, 'Cita con la vida; el arte de vivir en el presente'.

viernes, 20 de noviembre de 2015

La riqueza de la vida espiritual procede de vivir solos

La riqueza de la vida espiritual procede de vivir solos.

Si vivimos en el olvido, si nos perdemos en el pasado o en el futuro, si nos dejamos arrastrar por nuestros deseos, ira e ignorancia, no podremos vivir cada momento de nuestra vida profundamente. No estaremos en contacto con lo que ocurre en el momento presente y nuestras relaciones con los demás se volverán superficiales y se empobrecerán.

Algunos días nos sentimos vacíos, exhaustos y tristes, no somos realmente nosotros mismos. En esos días, por más que intentemos estar en contacto con los demás, nuestros esfuerzos serán inútiles. Cuanto más lo intentamos, menos lo logramos. Cuando esto nos ocurra hemos de dejar de intentar estar en contacto con el mundo exterior y volver a entrar en contacto con nosotros mismos, para «estar solos». Hemos de cerrar la puerta a la sociedad, regresar a nosotros mismos y practicar la respiración consciente, observando a fondo lo que ocurre tanto en nuestro interior como a nuestro alrededor. Aceptamos todos los fenómenos que observamos, les decimos «hola» y les sonreímos. Y nos dedicamos a hacer cosas sencillas, como meditar andando o sentados, lavar la ropa, barrer el suelo, preparar el té o limpiar el cuarto de baño, con plena consciencia. De este modo recuperaremos la riqueza de nuestra vida espiritual.

El Buda era alguien que vivía una vida despierta, que vivía constantemente en el momento presente de una forma relajada y estable. Era una persona rica, rica en libertad, alegría, comprensión y amor. Aunque estuviera sentado en el rocoso peñasco del Monte del Buitre, a la sombre del bosquecillo de cañas de bambú del monasterio de Venuvana o bajo el tejado de paja de su cabaña en Jetavana, el Buda era el Buda, una persona serena, satisfecha y parca en palabras. Cualquiera podía ver que su presencia fomentaba en gran medida la armonía de la comunidad. Era el principal pilar para ella. Para los monjes y monjas, el simple hecho de saber que él estaba cerca influía activamente en la comunidad. Muchos discípulos del Buda, incluyendo los cientos de discípulos veteranos que tenía, inspiraban una confianza parecida en quienes los observaban. El rey Prasenajit de Kosala dijo en una ocasión al Buda que lo que le hacía confiar tanto en él era el modo de vivir pausado, sereno y feliz de los monjes y monjas que practicaban bajo su guía.

Si vivimos de manera consciente, dejaremos de ser pobres, porque nuestra práctica de vivir en el momento presente nos hace ser ricos en alegría, paz, comprensión y amor. Aunque nos encontremos con una persona pobre de espíritu, podemos observarla en profundidad y llegar hasta el fondo de su ser y ayudarla con eficacia.

Cuando vemos una película malsana o leemos una mala novela, si ya somos pobres de corazón y de mente, y débiles en consciencia, esa película o ese libro nos irritarán y empobrecerán más aún. Pero si somos ricos en consciencia, descubriremos lo que yace en el fondo de esa película o novela. Probablemente veremos en profundidad el mundo interior del director de la película o del autor de la novela. Al observarlas con la mirada de un crítico literario o cinematográfico, veremos cosas que la mayoría de la gente no ve, e incluso una película o un libro malos podrán enseñarnos algo. Así, no nos empobreceremos al ver la película o al leer el libro. Al ser plenamente conscientes de cada detalle del momento presente, somos capaces de aprovecharlo. Ésta es la mejor forma de todas de vivir solo.





Fuente: Thich Nhat Hanh, ‘Cita con la vida; el arte de vivir en el presente’. 

domingo, 8 de noviembre de 2015

La Disciplina Positiva, proviene de Alfred Adler

La disciplina positiva es una corriente en educación que surge del psiquiatra Alfred Adler, discípulo de Freud, a través del desarrollo que realiza Rudolf Dreikus y la aplicación realizada por las psicólogas Jane Nelsen y Lynn Lottbasados.

En un principio las bases de ambas corrientes son diversas, ya que Adler procede del psicoanálisis y su trabajo parte de elementos cognitivos. Según dice Jane Nelsen: «Los niños que se portan mal son “niños desanimados” que tienen ideas erróneas sobre la manera de lograr su objetivo primario de pertenecer». El subrayado es mío, para dejar claro que estamos ante un sistema interpretativo basado en las “ideas”, cogniciones de la persona, distante en sus presupuestos del sistema emocional.
Sin embargo, la distancia de las raíces no lo es en las consecuencias prácticas, y la disciplina positiva y la educación emocional tienen muchos puntos de contacto. Eso es lo que querría dejar evidente en este post: las coincidencias tan sustanciales y todo el camino en común que realizan ambas corrientes.
  1. Todas las ideas de respeto son comunes a ambos sistemas. Respeto al niño como sujeto de sus acciones. Con el respeto se establece la base para el desarrollo de la autonomía de cada persona.
  2. Para la disciplina positiva la pertenencia es la clave de interpretación del funcionamiento social de las personas. Para la educación emocional la necesidad de vínculo y pertenencia es la necesidad que viene inmediatamente después de las necesidades fisiológicas básicas en la pirámide de necesidades. La coincidencia en insistir en el punto es muy grande, por ejemplo, la disciplina positiva dice: «Lo importante no es ganar a los niños, sino ganárselos, para ello el adulto debe invertir tiempo en motivar y enseñar competencias esenciales para la vida» (Dreikus).
  3. Se comparte la misma idea de trabajar la responsabilidad, que mira al futuro, y no la culpa, que mira al pasado.
  4. La mirada positiva llena de atención y curiosidad hacia el niño, es una actitud que promueve la disciplina positiva. Para la educación emocional se trataría de la actitud de aceptación positiva. Para ambos sistemas una actitud esencial de los docentes que permite la educación. La clave y el punto de coincidencia, sería confianza en el alumno.
  5. Involucrar al niño en las soluciones. Dar al alumno capacidad real de decidir. Esto es también un punto de coincidencia: hacer al alumno protagonista real de su aprendizaje.
  6. No utilizar el castigo, dice la disciplina positiva. Esto la educación emocional lo dice del siguiente modo: no establezcas tu relación sobre el miedo, sino sobre el cariño y la confianza. Ambas corrientes coinciden de nuevo en este punto. Ambas han sido precursoras de cambios que la educación ya ha incorporado.
La conclusión que yo saco es que a lo largo del siglo XX la psicología y la pedagogía han alcanzado un gran desarrollo con muchos puntos coincidentes, desarrollo. Básicamente un mayor conocimiento de la persona ha llevado a establecerla como sujeto activo de su aprendizaje, a través de muchos modos prácticos, que son las diversas corrientes.
La educación no puede dejar de incorporar todos esos avances que constituyen actualmente competencias imprescindibles para los profesores. La educación del siglo XXI no puede seguir enseñando con sistemas del siglo XIX sin incorporar todos los avances del XX.
En el caso concreto que nos concierne, la disciplina positiva, mi opinión es que la Educación Emocional tiene una base antropológica más rica y con muchos más matices, una concepción de la persona humana más amplia y por ello proporciona una mejor base para la educación. Los fenómenos emocionales son parte central de lo adquirido en el siglo XX por la psicología y la educación, y aunque la disciplina positiva los respeta exquisitamente y los utiliza como indicadores, debido a sus raíces aún no los incluye como elemento central del sistema.


Fuente: https://antonioesquivias.wordpress.com/2014/10/27/la-educacion-emocional-y-la-disciplina-positiva-de-alfred-adler/

5 Criterios para una Disciplina Efectiva

5 Criterios para una disciplina efectiva

  1. Ayuda a los niños a tener un sentido de conexión. (Pertenencia y significado).
  2. Es respetuosa y alentadora. (Amable y firme al mismo tiempo).
  3. Es efectiva a largo plazo. (Considera lo que el niño está pensando, sintiendo, aprendiendo y decidiendo acerca de sí mismo y de su mundo y qué hacer en el futuro para sobrevivir o prosperar).
  4. Enseña importantes habilidades sociales y de vida. (Respeto, preocupación por los demás, solución de problemas y cooperación, así como las habilidades para contribuir en su hogar, su escuela o su comunidad).
  5. Invita a los niños a descubrir sus capacidades. (Alienta el uso constructivo del poder personal y la autonomía).


¿Para qué nos sirve como padres?
Disciplina Positiva nos sirve para desarrollar relaciones sanas basadas en el amor y el respeto mutuo que promueven una convivencia familiar exitosa y además nos sirve para:
  • Propiciar relaciones basadas en el amor y respeto mutuo
  • Prevenir y corregir malas conductas
  • Ayudar a los niños a sentirse conectados
  • Establecer firmeza y amabilidad al mismo tiempo 
  • Lograr efectividad a largo plazo
  • Enseñar habilidades sociales y de vida
  • Invitar a los niños a descubrir sus capacidades
  • Enfocarnos en soluciones y no en castigos
  • Tomar los errores como oportunidades de aprendizaje
  • Enseñar a enfrentar y resolver problemas
  • Hacer niño/as más amorosos, sociables y cooperativos


¿Qué soluciona?
Como Disciplina Positiva es una metodología basada en principios humanistas, sirve para solucionar todos los desafíos de crianza que los padres enfrentamos en el día a día, tales como:
  • Berrinches y mal comportamiento
  • Peleas entre hermanos
  • Luchas de poder y desobediencia
  • Problemas a la hora del sueño
  • Problemas alimenticios
  • Conflictos para llevar rutinas
  • Rebeldía en la adolescencia
  • Y todas las cuestiones relacionadas a la crianza